lunes, 11 de julio de 2016

Ilan Sheinfeld / La primera vez que leí poesía
























Abre el libro, hijo, y mira
qué bellos poemas escribieron los judíos
hace miles de años, dijo mi padre
cuando me regaló un devocionario.

Lo abrí y leí con mis propios ojos
las plegarias que entonaba el maestro cantor
y que luego la congregación repetía en murmullos:
un grupo de varones de distintas edades
que, envueltos en mantos, se balanceaban
y sudaban en el ámbito del templo.

Yo repito para mí esas palabras,
las paladeo con placer
como las golosinas que se arrojan
en las ceremonias de confirmación (1),
trato de no apresurarme
para no adelantarme al  jazán (2)

y que el dulzor no se desvanezca en mi boca…


(1) En las ceremonias de confirmación (bar/bat mitzvá) es costumbre arrojar golosinas en señal de alegría.
(2) Nombre hebreo del chantre, el cantor litúrgico que lidera a la congregación en los himnos y plegarias.


Traducción: Gerardo Lewin