martes, 11 de agosto de 2020

Yossi Sucari / Mi madre falleció en mi cumpleaños






























Mi madre decidió no pensar en sí misma.
Sabía que si expresaba rencor
por su sangriento arribo a Israel
no lograría criarme
como un niño a salvo de heridas.

Nada fue más importante para ella
que saber que mi vida estaría
libre de las grietas del mundo.

Fui la venda que sanó sus heridas
cuando arrojaban sobre ellas
la sal de la tierra.

Quizás fue por eso
que murió
tan calma entre mis manos
el día de mi cumpleaños.



Traducción: Gerardo Lewin


Yossi Sucari (1959) es novelista y profesor universitario. Publica, además, artículos sobre temas políticos y educativos en diferentes medios. 
Editó Emilia U-Melaj HaAretz/Emilia y la sal de la tierra (Babel, 2002), Miklator (Yedioth Ajronoth, 2005), Lo Takin Romantith/Incorrectamente romántico (Jargol-Am Oved, 2008), Bergazi Berguen-Belsen (Am Oved, 2013) y Amzaleg (Am Oved, 2019). Obtuvo entre otros los premios Brenner de Literatura (2014) y el Premio Primer Ministro (2015). Éste es su único poema, hasta el momento.

jueves, 9 de julio de 2020

Hadass Mizrahi / Un consejo


































Les aconsejo a las personas
no tener trato con poetas.
Son gente horrible.
A mí me conocen apenas
un puñado de individuos
que hubieran preferido
no saber nada de mí, pero uno
no puede elegir a su familia
y ellos son todo mi círculo.
No tengo amigos,
soy alguien insoportable,
mi mamá se refirió a David Avidan*
como «un ser asocial»,
lo cual es válido
para todo el resto de los poetas.
Son muy descuidados
y tienen pensamientos oblicuos.
Jamás oí de ningún poeta que fuera
apreciado por los demás
ni tampoco de ninguno
que apreciara a los demás.
Son gente horrible.
Yo les aconsejo a las personas
no convertirse en poetas
pues eso significaría su ruina:
morirían en la miseria,
despreciados
y perderían todo
excepto las palabras.

Las palabras son algo lindo
pero uno no puede
ir y acostarse
con las palabras.

* poeta israelí -->


Traducción: Gerardo Lewin



Hadas Mizrahi (1979) es poeta y escritora. Obtuvo una licenciatura en Literatura y Artes en la Universidad de Tel Aviv, donde cursa actualmente un Master en Literatura. Nació y reside en Kfar Saba. Hace dieciséis años se le diagnosticó una enfermedad psiquiátrica, por lo que debió ser internada. Desde entonces ha sufrido, alternativamente, recaídas y mejorías. Durante su internación escribió una cantidad de textos, los cuales se transformaron en su primer libro.



miércoles, 1 de julio de 2020

Abraham Shlonsky / Los muros de mi casa
































Los muros de mi casa
no son frontera entre el mundo y yo.
Es esta bendición de lo que brota
— que sólo a sí y a nada más escucha,
pues quienes oyen todo a nadie atienden
y sólo aquel que calla sus tumultos
en busca del silencio
podrá oír, oír a todos.

Los muros de mi casa
no son frontera entre el mundo y yo.
Son la ceguera de quien mira
las cosas hasta el fondo,
pues el que observa todo nada ve
y sólo aquel que contemplase
lo incomparable y único
logrará ver el universo todo.

Los muros de mi casa
no son frontera entre el mundo y yo.
Son el secreto que se revela
y a nadie daña
pues el que habla a multitudes
no se dirige a una persona
y puesto que quienes dialogan
apenas hablan entre dos,
sólo aquel que al alma le habla
habla con los demás.

Los muros de mi casa
no son frontera entre el mundo y yo.



Traducción: Gerardo Lewin


miércoles, 27 de mayo de 2020

Noam Partom / Imparable

























Cuando estoy contigo el piso es quebradizo
y soy imparable. Caballos que se lanzan
desde las baldosas, se elevan en galopes
y yo con ellos en volutas de humo subo
y rumio, brota blanca espuma de mar
de mi conmocionada boca,
blancaspumademar que poetiza:
imparable, como árbol desde la acera surges
y toda raíz que como rectos brazos
ante mí —informes o formados— se presentan.
Desde mi entraña estallo con gran grito
y enseguida retorno, con o sin opciones,
imparable, los días ante a mi puerta zapatean
en redoble acompasado y todo el tiempo sé
qué es lo que debo hacer y lo que no y sin embargo
cuando conmigo estás es Sodoma y es Gomorra:
riego intensivo de fuego y de azufre.
La ira soy del cielo, congoja y crimen,
limpia, inmaculada y pura,
ángel del descalabro y el presagio,
oh, soy la santa maldita,
imposible detenerla,
me elevo, crezco, como torrente de luz,
como tierra arrasada, como el film que se quema
en lenta exposición, el sol se oculta
ante mí, a mis espaldas, ilumina
pasados y futuros que en neto tajo se dividen,
soy madre fértil, preñada de flagelos,
soy malas lenguas, sacrosanta,
soy la patria, la ley,
im-pa-ra
ble, imposi-
ble-de-
tener-
la.





Traducción: Gerardo Lewin



Noam Partom (1986) es poeta, artista performante, editora y traductora. Imparte, además, talleres literarios. 
Publicó Atravesar con agua el fuego/Leha´abir et hamayim baesh (Jargol, Am Obed, 2012) y Milagrojuntos / BeijadNes (Hakibutz Hameujad, 2018).
Obtuvo el Premio Primer Ministro en el rubro literatura en 2018, el Premio Ministerio de Cultura para poetas nóveles, el Premio Ramat Gan en la categoría primer poemario y la distinción internacional Anderson para traductores.
Es una de las impulsoras del proyecto Poetube. Es también pionera del género Spoken Word israelí.


miércoles, 29 de abril de 2020

Hilà Lahav / Animal

























Agonizo.
Para escapar, 
debo comer
mi pierna.

Todo el tiempo
estoy hambrienta.

En lugar de pronunciar
la palabra clara,
la más leve de todas,
debo atragantarme con ella.

Las palabras leves
son dichas
por gacelas
de translúcido torso.

Un delicado runrún
emerge de mis tripas.
No de mi corazón.

Para acabar con este hambre
debo transformarme en perro:
marchar en solitario
y engañar a las bestias.
Ay, ahora, de mi pata entrampada.

Desfallezco de hambre.
Una vez, cada siete siglos,
llega hasta mí una gacela como tú,
de bondadosos ojos y una luz que no cesa.
Me alimenta su carne a lo largo de meses.
No hay nada en mi barriga.

La desesperación no ha de matarme
pues le falta coraje:
cuando cercenan mi cabeza
crece mi trasero.

La herida en mi vientre
se abrió y cicatrizó.
Un animal lanudo mordisquea
desde el tronco hasta el lomo.

A veces pienso que moriré de amor,
cosa que me recuerda:
muero de hambre.



Traducción: Gerardo Lewin

sábado, 4 de abril de 2020

Maya Tevet Dayan / Vigésimo día de confinamiento
























Un astrólogo hindú
en internet
pronostica que esta noche
llegaremos al pico.
Aconseja hervir
jengibre con cúrcuma,
cubrirse la cabeza con una toalla 
y aspirar el vapor.
¿En qué puede perjudicarme
poner a hervir otro caldero más
en Tierra Santa?

"¿Y qué mal puede hacerte
beber tres tazas de té negro al día?"
— me pregunta papá.
Es algo que leyó en el wassap.
No siento interés por nada.

Cortamos limón en agua hirviendo,
hacemos gárgaras con sal gruesa,
desinfectamos los cepillos de dientes,
nos cuidamos de tocar el pasamanos
de las escaleras.
El cuerpo podrá ser grande
pero la piel

está tachonada de infinitésimos agujeros.
Me envuelvo en una bufanda,
le doy tres vueltas alrededor de la boca
(eficacia cero, así decía en el diario).
Camino por la cuadra de mi casa
de aquí para allá, veinticinco veces.
Me cruzo ida y vuelta
con el vecino rumano.

Porque descubro ahora que tenía
un vecino rumano, que la lesbiana
que vive en el piso de abajo
ronca de noche,
que mis hijas también están dispuestas
a almorzar en los ocasos.
Contemplo preocupada las estrellas
y me llevo a las nenas a dormir conmigo.

"La humanidad necesita superar estas tinieblas"
— dice el astrólogo. Extiendo las manos,
intento cobijar
con un brazo larguísimo
a las tres.




Traducción: Gerardo Lewin