miércoles, 13 de diciembre de 2017

Yona Wallach / Jonatán






























Corro sobre el puente
y los niños tras de mí
Jonatán
Jonatán me llaman
un poco de sangre
sólo un poco de sangre para decorar la miel
yo les concedo sólo el pinchazo de un alfiler
pero los niños piden
son niños
y yo soy Jonatán
cortan mi cuello con una rama
de gladiola, alzan mi cabeza
con dos tallos de gladiola
y la envuelven en un papel crepitante
Jonatán
Jonatán dicen
perdónanos, en verdad
no nos imaginábamos que eras así.



Traducción: Gerardo Lewin

sábado, 11 de noviembre de 2017

Yakov Fichman / Hay una hora...































Hay una hora que nadie aguarda:
la hora de la vigilia última,
como en el Nilo el hipopótamo
cuando la oscuridad se cierne
y el orbe, ocultándose del dios,
cae agobiado en el lecho nocturno.

Ningún ojo presente,
no hay testigos de este instante y su angustia
al despedir un ayer moribundo
que irá a sumarse a sus ancestros.

Madurará entonces en la rama el fruto
y, como un bosque púrpura,
florecerá en su cabecera la quimera del mundo.



Traducción: Gerardo Lewin


Yacob Fichman nació en Besarabia en 1881. Inicialmente emigró a la Palestina otomana en 1912 pero retornó temporalmente a Europa donde permaneció varado hasta el final de la Primera Guerra para regresar a la entonces Palestina Mandataria, luego Israel, en 1919, donde falleció en 1958.
La poesía de Fichman sigue un estilo lírico y romántico tradicional. Su obra incluye manuales de texto, artículos periodísticos, ensayos literarios, canciones, etc.
Obtuvo en 1945 y 1953 el Premio Bialik de poesía y en 1957 el Premio Israel.

(extraído de wikipedia; el poema figura en Modern Hebrew Poetry, Universidad de California, 1966)

lunes, 23 de octubre de 2017

Mirale Moshe Alvo / Lápiz japonés































Decí lápiz japonés,
lápiz japonés. Rápido, repetilo.
Miro a los chicos de la clase,
esos a los que amo.
Me rodean en un círculo,
en la colina cercana a la escuela,
durante el recreo.

Amo esa colina,
pero más que nada 
amo a los chicos de la clase.

A ver. Decilo, decilo.

Capto la trampa de esos sinvergüenzas.
Repito rápidamente: lápiz japonés.
Qué fácil hacer reír a los chicos de la clase.
Estallan en carcajadas,
caen y se levantan.

En mis noches de nostalgia recuerdo
los rostros sonrientes
de todos aquellos chicos que yo amaba.
En la entrevela nocturna susurro
lápiz japonés, lápiz japonés
y nadie ríe,
nadie se levanta.




Traducción: Gerardo Lewin


Mirale Moshe Alvo nació y vive en Tel Aviv. Cursó la carrera de psicología en la Universidad de Tel Aviv y se dedicó durante un tiempo a terapia familiar y de parejas. Es egresada de la academia de poesía "Helicón". Su libro Kilo Barzel, kilo notzot//Kilo de acero, kilo de plumas obtuvo en 2016 el premio Ministerio de Cultura. Luego de un viraje profesional, se dedica actualmente al diseño y fabricación de joyas.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Shulamith Apfel / Dos cortitos





















Esa noche llovía

Naftali, le dije. Se llamaba Naftali, tenía insignias de coronel. Qué suerte haberlo visto por Dizengoff, era tarde y ya no pasaban autobuses. 

Qué tal si me acercas, vivo en el edificio del doctor Mualem.

Naftali es un buen muchacho, conocía a la esposa y a los hijos.

Esa noche llovía, los eucaliptus crecían, las aguas del Yarkon bullían y muy rápidamente comprendí que no tenía sentido gritar y que no debía moverme.



Semillas negras

Fueron las violaciones, el hambre y la noria del terror lo que ahuyentó a nuestras familias hacia las tierras cálidas.

El desarraigo siguió aterrorizando a los niños aún durante mucho tiempo. Gentes que a duras penas arrastraban sus cuerpos huyeron a la carrera de sus países de origen. Respirar, olvidar, ansiar que el calor y la sal les curasen la piel.

Alguien les acercó una bolsa con semillas negras: repentina felicidad. Algo para tragar y para distraerse. Para despertar el cuerpo al frescor de la noche. Las mujeres se embarazaban. Ingenuos y amantes, pelaban naranjas valencianas y se alimentaban los unos a los otros.




Traducción: Gerardo Lewin


Shulamith Apfel nació en Chipre en una familia de sobrevivientes del holocausto y se crió en Haifa. Publicó su primer libro a los diecisiete años. Recibió los premios Holon por su libro Merhak/Distancia (1982), el premio Levy Eshkol para escritores hebreos en 1987 y 2013. Además de poeta es galerista y dramaturga.

martes, 22 de agosto de 2017

Gabriel Preil / Quizás la muerte...

























Nadie marca mi número.
Se apagan las líneas de la comunicación.
Es así, quizás, como la muerte empieza
a decirnos algo sobre su existencia.

Entretanto escribo un poema
y uno más,
intercambio cuestiones conmigo mismo,
con los otros que viven en mí,
dispuestos a despertar a alguien
de su letal atardecer.

Y estoy por ser asesinado
por un silencio atronador.




Traducción: Gerardo Lewin




Gabriel (Yehoshua) Preil nació en Tartu, Livonia, (Rusia) en 1911. Emigra junto con su madre a los Estados Unidos en 1922, donde desarrolla su carrera literaria. Escribió poesía en hebreo y en idish. Fue el último de los poetas de la Haskalá. Tradujo al hebreo a Robert Frost y a Walt Whitman. Influyó sobre la nueva generación de poetas israelíes (Dan Pagis lo llamó "el Duque de of Nueva York"). En 1975 recibió un doctorado honorario del Hebrew Union College. Falleció en Jerusalén en 1993. Entre sus obras figuran Paisaje, sol y frío/Nof, shemesh ukfor (Nueva York, 1944); La vela y las estrellas/ner mul kojavim (Jerusalén, 1954) y otros.





lunes, 31 de julio de 2017

Judith Drigues / Revelar una lápida






















Que te fuiste a otro mundo, murmuraban,
pero yo sé que ha sido, en definitiva, una simple mudanza,
y que sólo es cuestión de tiempo
hasta que oiga otra vez el golpeteo de tu voz.

Así es, señor pedagogo, aún vives aquí, puerta por medio:
últimamente has logrado domar
un dos ambientes con pasillo.

Esparcí los palitos chinos por sobre la alfombra,
para que hirieran. Una gota de sangre
en el lugar en donde se endurece
tu piel sobre sí misma.
Luego, con una lapicera, 
garabateé sobre tu Bialik.
Lo confieso, mi intención fue la peor:
que te enojes significa que estás vivo,
así me lo enseñaste.

Cada vez que alguna mano extraña acaricia mi cabeza
tus ojos se ensombrecen sobre mí.
Ni siquiera me miras
cuando me despliego para sentarme, 
embozada, en tu trono almidonado.
Allí viví lo mejor de mis amores.
Sólo el temor a la muerte logró despertarme.

Ahora aliso las arrugas de mi cara y escucho.
Jamás estuve tan dispuesta a cerrarte los ojos.
Con mis propias manos acariciaré
los estuarios de tus cenizas
y olvidaré.




Traducción: Gerardo Lewin

lunes, 10 de julio de 2017

Yubal Paz / Atentado




















Es fácil presentir al asesino. Mas esto:
contener la muerte, toda la muerte, desde
antes de la vida, tan dulcemente contenerla
y no ser malvado, esto es inefable.

Rainer Maria Rilke





Los alumnos me preguntan
qué pienso acerca del atentado.
Aún antes de poder decir
qué pienso acerca del atentado
comienzan los gritos: hay que matar.

Pienso que mis alumnos 
son como piedras, cuchillos, 
molotovs, cohetes, tiros:
no saben qué pensar acerca del atentado.

Después regresan con naturalidad
a la historia del olvido,
a la matemática de la negación

y a la sencilla agricultura
por goteo de sangre
para que brote y se enraíce el odio.



Traducción: Gerardo Lewin



Yubal Paz (1969) nació en Tel Aviv y es maestro de literatura en escuelas secundarias. Publicó en 2013 su poemario Deja en paz a los monstruos/Ten lamiflatzoth besheket. Publica artículos y reseñas en los suplementos culturales de distintos periódicos. (Traducción del texto de R. M. Rilke: Juan Rulfo).