miércoles, 24 de agosto de 2016

Sigal Ben Yair / Cien años de arte en Tierra Santa
























En la Cinemateca, en ocasión de los “Cien años
de arte en Tierra Santa”,
el estómago se me revuelve por el hambre
frente al los pastorales paisajes del cruce Erez*.

Comí rápido, en la oscuridad, 
dos niños envueltos en hojas de parra
que compré en el local de la mujer árabe.

Los devoré a escondidas, algo encorvada
y con la mano abierta
escurrí el aceite que chorreaba de mis dedos
sobre la alfombra azul, moteada en blanco.


* Cruce fronterizo entre Israel y la franja de Gaza.


Traducción: Gerardo Lewin

martes, 16 de agosto de 2016

Meir Wieseltier / Mamá y papá fueron al cine. Ilana está sentada en el sillón y mira un libro gris.





















Está hojeándolo, hay señores desnudos.
Corren, desnudos, y están muy delgados,
también hay señoras con la cola al aire
y gente en pijamas, como en el teatro,
con estrellas de david hechas de tela.
Se veían todos tan feos, tan flaquitos,
con los ojos saltones, como de pollos.

Es muy raro, todo tan gris.
Ilana tiene unos lápices rojos
y azules, verdes, y amarillos y rosas.
Entonces ella va a su cuarto
y trae todos esos hermosos lápices
y les dibuja a todos, muy divertida,
anteojos y caritas sonrientes.

En especial a ese nene pelado y flaco,
le dibuja un enorme bigote rojo
y en la punta del bigote se posa un pajarito.



Traducción: Gerardo Lewin


miércoles, 10 de agosto de 2016

Guiora Fisher / Es posible























Dentro de un cajón que no se abría desde hacía años
hallé, en una hoja, en colores de crayón,
a Caín y a Abel.

A la pregunta del maestro:
“¿qué has aprendido de esta historia?”
contestó el niño, al pie de esos dibujos:

“que es posible también matar
a quien se ama”.



Traducción: Gerardo Lewin




Guiora Fisher (1951) nació en la granja colectiva Abigdor, en donde aún vive con su esposa y sus hijos. Posee un título de master en Estudios Bíblicos y se desempeña como maestro de escuela secundaria. Es además tambero. En su juventud escribió poemas y canciones, actividad que abandonó hasta el año 2002, en el que uno de sus hijos cayó en una acción militar. Publicó los poemarios Tras eso / Ajrei ze, ediciones Am Oved, 2010 y Dolores de vida / Tzire jaim, Ediciones Kesheb, 2014. Obtuvo el Premio Ramat Gan por poeta novel en 2011.



miércoles, 27 de julio de 2016

Almog Behar / Poema para los presos en las cárceles




























Escribí un poema para los presos en las cárceles
y se lo mostré a mi padre. Dijo:
¿De qué les servirán poemas a los presos
y quiénes somos para menospreciar la justicia
de oficiales, jueces y legisladores?
Le dije: es sobre nuestra propia prisión que escribo, padre.
Con el final de cada día regreso a mi celda
para aguardar indicaciones de remotos carceleros:
ya me dirán si debo encadenar mis manos
o reclamar la libertad golpeando
contra los barrotes de la ventana.

Me dice: los sueños del poema por tu boca hablan
y tú te encuentras fuera de los muros carcelarios,
no te he criado para que vivas prisionero; hijo,
te enviaré si quieres a estudiar derecho,
quizá te vuelvas juez y en lugar de poemas escribirás sentencias
para aliviar de penas a este mundo. Le dije: padre,
hijo soy tuyo y no me has criado para que te tema,
la prisión mayor es que tú y yo y nos incluye,
ahora mismo el guardián te ordena desconocer tu encierro,
te indica pedir permanecer dentro del límite de tu calabozo.
Me dice: cautivos entonces somos todos en la prisión de Dios,
hijo, y esclavos suyos, mas, ¿cuáles son sus leyes, sus juzgados?
y hombre no hay que nunca haya pecado, ¿lo recuerdas?

Le dije: esta prisión es obra de los hombres, padre,
día a día ayudamos nosotros en su construcción, 
sumamos pabellones y disponemos cámaras de vigilancia,
en breve ya no necesitarán más carceleros, los echarán
y nos vigilaremos entre nosotros mismos.
No estudiaré derecho aunque he resuelto
no escribir tampoco más poemas. ¿Cómo es eso? Yo ya avisé
a todo lo largo del pasillo en nuestro pabellón penitenciario
que mi hijo escribe poemas para el día de la liberación,
nuestros vecinos aprenden y recitan tus poemas.

Los escucho, padre. No son, sin embargo, mis poemas lo que cantan
sino canciones del penal. A partir de hoy escribiré
veredictos que compitan con las resoluciones judiciales,
redactaré sentencias que compitan contra sus fallos,
les escribiré a mamá y a ti desde mi celda
cartas en las que anunciaré que la liberación
no llegará siquiera en los lejanos días de tus nietos,
que este combate es más largo
que cuanto pudieron figurarse los poetas.

Todos los poemas han fracasado.



Traducción: Gerardo Lewin





Almog Behar (1978) es un poeta, escritor y crítico literario. Nació en la ciudad de Natania. Tiene una licenciatura en filosofía y un doctorado en literatura hebrea de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Vive en Jerusalén y se dedica a la docencia. Ha publicado tres poemarios: Sed de fuentes (Am-Oved 2008), Un hilo tira de la lengua (Am-Oved 2009) y Poemas para los presos de las cárceles (Indibook 2016). Obtuvo el premio Primer Ministro de literatura en 2010.

lunes, 18 de julio de 2016

Haim Nachman Bialik / En la ciudad de la matanza




















(fragmento)

Levántate y marcha hacia la ciudad de la matanza.
Ve a sus plazas,
observa con tus propios ojos,
palpa con tus propias manos
las cercas, los árboles, las rocas.
Mira: sobre la cal del muro
la sangre coagulada,
los sesos endurecidos de las víctimas.

Encamínate hacia las ruinas,
salta por encima de los desechos,
atraviesa las paredes rotas
y las cocinas incendiadas
en donde la piqueta ha perforado quiebres
y agrandado, ensanchado vacíos,
donde la negra piedra se descubre,
la desnudez del ladrillo calcinado,
abiertas, desesperadas bocas de heridas negras
a las que no puedes aplicar ya cura o medicina,
tus piernas se hunden en plumas y cascotes,
entre pilas de escombros y de astillas,
en la derrota de los libros y los manuscritos,
el despojo del trabajo inhumano,
el redoblado fruto de unas arduas labores…

No te detengas ante los destrozos, sigue tu camino.
Renacen las acacias frente a ti,
derraman su perfume,
entre sus brotes penachos como flechas,
su aroma es el aroma de la sangre;
a tu pesar aspiras el perfume extraño,
la suavidad de la lozanía en tu corazón no te asquea;
con mil flechas doradas te lacera el sol,
siete rayos agreden en esquirlas de vidrios,
pues mi señor convocó, a un mismo tiempo,
a la matanza y a la primavera.


Sale el sol, florece la acacia y degüella el matarife.




Traducción: Gerardo Lewin (con la inestimable colaboración de Yonah Kranz)


lunes, 11 de julio de 2016

Ilan Sheinfeld / La primera vez que leí poesía




















Abre el libro, hijo, y mira
qué bellos poemas escribieron los judíos
hace miles de años, dijo mi padre
cuando me regaló un devocionario.

Lo abrí y leí con mis propios ojos
las plegarias que entonaba el maestro cantor
y que luego la congregación repetía en murmullos:
un grupo de varones de distintas edades
que, envueltos en mantos, se balanceaban
y sudaban en el ámbito del templo.

Yo repito para mí esas palabras,
las paladeo con placer
como las golosinas que se arrojan
en las ceremonias de confirmación (1),
trato de no apresurarme
para no adelantarme al  jazán (2)
y que el dulzor no se desvanezca en mi boca…


(1) En las ceremonias de confirmación (bar/bat mitzvá) es costumbre arrojar golosinas en señal de alegría.
(2) Nombre hebreo del chantre, el cantor litúrgico que lidera a la congregación en los himnos y plegarias.

Traducción: Gerardo Lewin


viernes, 24 de junio de 2016

Diti Ronen / Así ocurrió


















Así ocurrió: / al principio hubo una guerra. / 
Después vino el amor. / Nuevas vidas fueron engendradas / en celeste
y blanco. / La gente creía en la unión, el renacer / la gente
creía: familia / embarazo y parto. // Después llegó
la rutina. / Uno podía pensar / que el mundo se calmó. /
Que la paz llegaría / que no habría más guerras. / Hombre
vuelve abatido / mujer busca ternura. / Hombre cansado /
mujer desesperada. // Después hubo otra guerra. /
Hombre parte hacia el frente / la mujer permanece. / Luego volvió
el amor / entre hombre distinto y mujer / la vida es
otra vez deseable / tiene otra vez un porqué. / Lo que antes
sucedió, borrado fue. // Después llegó la rutina / Uno
podía pensar / que el mundo se calmó. // Después hubo
otra guerra. / Hombre ya no parte hacia el frente / mujer
ya no permanece / amor no hay, ya desde hace mucho. //

Después hubo otra guerra.



Traducción: Gerardo Lewin



Diti (Judith) Ronen nació en 1952 en Tel Aviv. Es profesora y disertante en temas culturales y políticos y se especializa en Teatro y Literatura. Es egresada (cum laude) de la facultad de teatro de la Universidad de Tel Aviv y posee un título de enseñanza en educación especial. Su tesis doctoral  versa acerca de "cambios en el yo infantil de niños con dificultades de aprendizaje tras la experiencia de teatro de títeres". Ha publicado tres poemarios.