viernes, 1 de junio de 2018

Abraham Shlonsky / Yugo































Vísteme, piadosa madre, 
con deslumbrante túnica colorida
y al alba condúceme hasta el yugo.

Envuelta está mi tierra por la luz
como por sacro manto,
como filacterias se disponen las casas
y se deslizan las calles: lazos de cuero
que manos han trazado.

Magnífica, la ciudad
eleva a su Hacedor plegarias matutinas
—y entre los hacedores:
tu hijo, Abraham,
poeta y peón vial en Israel.

Al caer la tarde, en el crepúsculo,
regresa mi padre de sus labores
y feliz, como rezando, me susurra:
—Hijo amado, Abraham.
Carne, huesos, ligamentos.

Aleluya.

Vísteme, madre santa, 
con deslumbrante túnica colorida.




Traducción: Gerardo Lewin



Abraham Shlonsky (1900–1973) fue un importante poeta isarelí. Nació en el seno de una familia jasídica en Kryukovo (actual Ucrania) y falleció en Tel Aviv, Israel. Trabajó como albañil y obrero en la pavimentación de rutas. Tuvo una influencia destacada en el desarrollo del hebreo moderno y en su literatura, especialmente a causa de sus traducciones de los clásicos, especialmente de los rusos. A partir de sus comienzos como poeta e ironista, se transformó en una figura representativa del grupo de "rebeldes" contra la poética de Jaim Najman Bialik y su generación. En 1933 funda la revista literaria Turim/Columnas, en la que colaboran poetas como Nathan Alterman o Leah Goldberg. En 1946 obtuvo el Premio Tchernijowsky por sus traducciones de Pushkin y Shakespeare; en 1956 se le concedió el Premio Bialik de literatura y en 1967 el Premio Israel de literatura. Su obra está teñida de un gran espíritu innovador. El que aquí se traduce es la coda final de un largo poema: עָמָל/Amal, escrito en 1928 como parte de la serie Guilboa, que refleja los primeros años de la vida del autor en Palestina. En su momento, sorprendió por la novedosa utilización de motivos religiosos (el manto, las filacterias, la plegaria matutina, la túnica colorida, etc.) en la descripción de la vida de un obrero vial.

viernes, 18 de mayo de 2018

Shuki Gutman / Arcaico amor

































Ven a mí, amor arcaico, 
amiga fiel, descúbrete... 

Cansado estoy de las desnudas carnes, 
rostros vacíos, 
del roto y trepidante cuerpo. 

Te celaré hasta el alba
y será cada mañana una caricia;
deambularé con los botines embarrados
sembrando cánticos de ascensión en la campiña.

Dímelo todo:
alienadas historias
de los espacios infinitos del olvido
y recuerdos que se transformarán
en éxitos de ventas.

Ven, arcaico amor.
Mi piel no es gruesa armadura.
Me moveré a tu ritmo
y dirán que enloquecí:
expuesto a los placeres del viento,
las posibilidades truncas de las hojas,
garabatos inscriptos
en los anales de los días.

Ven a mí, amor arcaico,
descúbrete
y te lo diré.




Traducción: Gerardo Lewin 




Shuki Gutman (1966) es poeta y docente. Estudió en la escuela de poesía Helicon y tiene un master universitario en Docencia. Sus poemas fueron publicados en la prensa israelí y en distintos ámbitos literarios. Entre los creadores de Eshkoloth Poetika, un grupo de poetas israelíes que organizan eventos poéticos públicos. Junto a eso, diserta acerca de poesía en diferentes ámbitos. Publicó Psanter Mushtak Kol/Piano enmudecido (Pardés, 2016) y Mikud Atzmí/Autofoco (Eshkoloth Poetika, 2018), libro del que hemos extraído este poema.


miércoles, 25 de abril de 2018

Guiora Fisher / Plegaria


























Ojalá
que cuando llegue a viejo
y chochee,
si llegara a preguntar:
“¿por qué no vino a visitarme?”,
no me digan
“es que cayó en combate
hace ya mucho tiempo...

Díganme:
“estuvo ayer y dijo
que volverá
mañana”.





Traducción: Gerardo Lewin



sábado, 7 de abril de 2018

Rachel Halfi / Cómo fue que perdí el éxodo de Egipto
























Cuando llegó la medianoche comprendí
que había perdido el éxodo por unos cuarenta minutos.
Estaba terminando de empacar la valija roja
pero en ese momento recordé que no había puesto las gorras
para toda la familia y que nos esperaba una errancia de cuarenta años
bajo el sol rajante del desierto. Entonces cargué la escalera
desde el patio hasta el depósito y allí estaban,
entre la ropa de verano, bien embaladas, todas las gorras.
Hasta que logré desatar los paquetes de ropa,
pude tomar algún traguito de agua
para recomponer mi pobre alma exhausta
por los preparativos del viaje;
hasta que alcancé a sentarme un minutito en un rincón
del depósito —mordí una manzana y me desvanecí.
Desperté de pronto, sobresaltada.
¿Cómo es posible que me haya dormido por una manzana?
¿Cómo fue que me engañó la serpiente?
¿Cómo puedo ser tan tonta todavía,
no comprender la magnitud de la hora,
la señal otorgada,
el destino del pueblo?
¿Cómo es que no llego a entender
qué significan "pueblo" o "destino",
cuál es la implicancia de "cambiar el porvenir"?
Hasta que logré salir del pantano y llegar a las corridas...
A duras penas podía arrastrarme
con la valija roja y todo el contenido
—metí una bota con agua y las gorras de la familia entera—
y hasta que llegué a la orilla del Mar Rojo
toda mi familia, todo el pueblo, toda la tribu,
todo el barrio, aquellos que escaparon
del pantanoso horno  de arena,
todos —incluso esa fulana, cómo era su nombre,
se me corta el apetito sólo de imaginar la travesía junto a ella—
se veían todos tan lejanos,
como cabecitas de alfiler al fondo de un valle,
en el espacio abierto entre ellos y las olas gigantescas,
cuando cesó el maremoto y en él los carros del faraón,
los jinetes, sus cabalgaduras
y todo el torbellino del ejército egipcio.
No pude ya arrojarme a las aguas porque no sé nadar
y aún está fresco en mí el trauma de aquella vez
que me ahogué en el Nilo y me salvó una cocodrila;
comprendí que no tenía ya la menor de las chances
de alcanzar a mi gente
allí, en la contraria orilla de ese mar.
No había ninguna probabilidad de que lo lograra:
una mujer sencilla y sola, con una valija.
Ninguna posibilidad de experimentar esos desastres monumentales
que entretanto crecieron hasta ser copiosos tsunamis.
Imposible. No podía alzar la voz y gritarles: "¡Eh, espérenme!"
Mi voz reverberaba en mi cabeza,
golpeaba mis sienes y seguramente nadie la oiría.
Me detuve en mi sitio, la sorprendida boca abierta,
como una estatua de sal, con un grito congelado
en la distancia de años y años.

Me perdí el gran éxodo y la gloria.
No atravesé el mar ni las penurias.
Ni siquiera me mojó el agua.

Así fue como nunca salí de Egipto.




Traducción: Gerardo Lewin

lunes, 26 de marzo de 2018

Ilan Berkovich / te será difícil...





Te será difícil. Si sales a pasear
por mi interior, descubrirás
que anduve un largo trecho.
Sodoma y Gomorra, por momentos,
bullen en mis venas y son remos mi furia
en las sangrientas aguas de los ríos.

Insisto en advertirte: te será difícil
(también lo es para mí). Prefiero
que te enamores del cuadro colgado en la pared:
se pasea por el salón, regresa de la calle;
estudioso, anhelante, endurecido,
tras de ti ardiente,
pervertido y expuesto.

Se olvida de los límites que a sí mismo se impuso
pues no conoce umbral.




Traducción: Gerardo Lewin



Ilan Berkovich (1973) es poeta y crítico literario. Egresado de la Universidad de Tel Aviv, con estudios en filosofía y literatura hebrea. Publicó hasta el momento los siguientes poemarios: Modé Bahahavá/Confieso amor (Ed. Saar, 1995), Tapuzim/Naranjas (Eben Hoshen, 2007), Jarubim/Algarrobos (Eben Hoshen, 2010) y HaMeshorer HaAshkenazí HaAjarón/El último poeta ashkenazí (Ed. Pardés, 2016). Desde el año 2008 publica su sección “poeta en la práctica” en el suplemento literario del diario HaAretz.



viernes, 2 de marzo de 2018

Ronit Bachar Shachar / Títulos






























Ronit, poetisa, hija de la finada Sara, 
—que descanse en paz—
aquella que jamás, bajo ninguna circunstancia,
se durmió en los laureles
ni ostentó en su vida título alguno
excepto tal vez hermana de los suyos,
mujer piadosa
y el título de madre que le fue dado
en el momento en que nací,
que le fue negado en la mayor parte de mis escritos,
y que aún así es mi madre.
No será recordada como alguien importante
salvo por mí, por mi causa
y también por causa de varios
tullidos inválidos mutilados
a los que ella puso nuevamente en pie
al mismo tiempo y en la hora exacta
en que amputaba mis piernas.





Traducción: Gerardo Lewin





Ronit Bachar Shahar nació en Tel Aviv en 1957. Estudió Arte en la Escuela de Arte Decorativo en Beer Sheva. Fue una de las fundadoras de la Tel Aviv-Jaffa Democratic Open School para niños judíos y musulmanes, institución en la que enseñó Arte. Continuó luego con la enseñanza artística en la Tel Aviv Municipal High School Yood Alef.
Su escritura abarca una serie de temas, el más presente de los cuales es su vivencia como hija de sobrevivientes del Holocausto. En 2017 editó su primer libro, Mamá/Ima (Am Oved, Tel Aviv). Trata acerca de la experiencia de haber crecido como niña abusada. Este libro fue becado por la Fundación Mifal Hapais (Lotería Nacional) e incluye el presente poema.
Recibió una mención honoraria por una antología de sus poemas en la selección para el Premio Pesach Meilin. Sus poemas fueron publicados en las revistas literarias más importantes de Israel. Algunos de sus cuentos fueron publicados en el periódico Yediot Aharonot America.


sábado, 17 de febrero de 2018

Yejezkel Rajamim / Diáspora y nostalgia






















Mosaico de montañas y de nubes aquí, en mi ventana.
Día a día, un gran lago se extiende
a orillas de esta callada piecita de exiliado
—que sólo se pronuncia para pedirme
veintidós bolivianos a cambio de silencio.
El general de papel sonríe desde el billete: ¡no temáis!

Respira, respira —me dice ese otro cielo. Los rayos del amanecer,
como dedos del dios, penetran a través de la cortina 
—una sábana colgada de tachuelas.
Afuera, insomnes, las cuestas de los montes
(nada vibra en lo maligno, nada en absoluto vibra): ¡Vive! 
Silentes, distanciados, las laderas nos ofrecen compartir angosta senda
con dos alpacas, burros, 
ovejas atadas por las patas las unas a las otras
y una piara de cerdos.

Desde un recodo, entre los arbustos, me observa una extraña llama:
sus ojos son negras porcelanas y piensan, de seguro, lo mismo que yo:
"¡Oh! ¡Qué ser inverosímil acompaña mi paso por las rocas!
Sus ojos blandos de bondad, aunque empapados de nostalgia".


(Isla del Sol. Bolivia. 2013)




Traducción: Gerardo Lewin



Yejezkel Rajamim es poeta, editor y narrador. Nació en Jaffa en 1971, en el seno de una familia numerosa. Su padre era albañil. Se crió en hogares institutos y con familias sustitutas. Obtuvo becas de estudiante destacado y se graduó en la Universidad de Tel Aviv, para luego seguir cursos de doctorado en Francia. Obtuvo el Premio Primer Ministro en 2012 y el Premio Ministerio de Educación 2016. Este poema pertenece a un libro que narra sus travesías por América Latina, ajshav hanesiáh/ahora, el viaje.