lunes, 19 de septiembre de 2016

T. Carmi / Paisajes























I

Un pájaro blanco sobre el verde río, dos
y luego tres.
Un poste de electricidad, dos,
tres arbustos.
Resulta difícil enumerar en el tren
más allá de esas cosas (techos
y nubes, manchones de pasto)
por lo que no las mencionaré aquí.
En realidad, creo que sólo anotaré
un único pájaro.
Quizás también sus alas.

II

Estaba en la cima de un árbol,
vestía un enterizo azul
y serruchaba.
De pronto colapsó su rostro,
el cuerpo se le combó como una rama,
sus manos se llenaron de viento
y cayó.
Vi todo eso a través de la ventanilla del tren,
después de un cantero de césped
y antes de un par de caballos.
Sólo puedo anotar el hecho en sí de su caída.
No llegué a oír el grito.



Traducción: Gerardo Lewin



martes, 6 de septiembre de 2016

Anat Zecharia / Dos poemas




















No me hagas un niño


No me hagas un niño.
Ante un bebé me asalta el dolor
del corazón profético.
Las fuerzas todas de la carne
cierran sus ojos,
ciegas son entre las sábanas
y no es que esté diciendo:

“Son éstas las órbitas de los ojos,
éstas aquellas mismas y rosadas cosas,
éstos los sagrados aullidos,
éstos los lejanos campos,
éste es el mundo devorador y asesino,
ésta la eternidad, ¿cuánto nos falta aún
para alcanzar también ese destino?"

No es que esté diciendo:
“no habrá otro abismo excepto yo”.

No me hagas un niño,
es lo que digo,
no lo hagas.



Erez*

Sacas la lengua,
exhibes un órgano muscular
excelso, tu lengua
agresiva en su extremo
y cuando se desliza por la grieta
aprendo a lamer
toda una serie de estampillas
de flora y fauna en Tierra Santa.

Imperecedero instante.


* Nombre masculino


Traducción: Gerardo Lewin



Anat Zecharia (1974), nació en Tel Aviv. Es egresada de la Escuela de fotografía  WIZO de Haifa y del seminario de poesía Helicón (2004). Recibió el Premio "Poesía en el camino", de la Municipalidad de Tel Aviv en 2005 y 2007. Fue invitada en 2012 al festival Parnasus, en Londres. Se dedica actualmente a la fotografía y dicta talleres de escritura. Editó los poemarios Iafá Ajat Kodem/Mejor una antes, Ed. Helicón,  Tel Aviv 2008, y Biglal Tauth Enosh/Debido a un error humano, Ed. Musad Bialik, Jerusalén 2012.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Sigal Ben Yair / Cien años de arte en Tierra Santa
























En la Cinemateca, en ocasión de los “Cien años
de arte en Tierra Santa”,
el estómago se me revolvía por el hambre
frente a los pastorales paisajes del cruce Erez*.

Comí rápido, en la oscuridad, 
dos niños envueltos en hojas de parra
que compré en el local de la mujer árabe.

Los devoré a escondidas, algo encorvada
y con la mano abierta
escurrí el aceite que chorreaba de mis dedos
sobre la alfombra azul, moteada en blanco.


* Cruce fronterizo entre Israel y la franja de Gaza.


Traducción: Gerardo Lewin

martes, 16 de agosto de 2016

Meir Wieseltier / Mamá y papá fueron al cine. Ilana está sentada en el sillón y mira un libro gris.





















Está hojeándolo, hay señores desnudos.
Corren, desnudos, y están muy delgados,
también hay señoras con la cola al aire
y gente en pijamas, como en el teatro,
con estrellas de david hechas de tela.
Se veían todos tan feos, tan flaquitos,
con los ojos saltones, como de pollos.

Es muy raro, todo tan gris.
Ilana tiene unos lápices rojos
y azules, verdes, y amarillos y rosas.
Entonces ella va a su cuarto
y trae todos esos hermosos lápices
y les dibuja a todos, muy divertida,
anteojos y caritas sonrientes.

En especial a ese nene pelado y flaco,
le dibuja un enorme bigote rojo
y en la punta del bigote se posa un pajarito.



Traducción: Gerardo Lewin


miércoles, 10 de agosto de 2016

Guiora Fisher / Es posible























Dentro de un cajón que no abría desde hacía años
hallé, en una hoja, en colores de crayón,
a Caín y a Abel.

A la pregunta de la maestra:
“¿qué has aprendido de esta historia?”
contestó el niño, al pie del dibujo:

“que es posible también matar
a quien se ama”.



Traducción: Gerardo Lewin




Guiora Fisher (1951) nació en la granja colectiva Abigdor, en donde aún vive con su esposa y sus hijos. Posee un título de master en Estudios Bíblicos y se desempeña como maestro de escuela secundaria. Es además tambero. En su juventud escribió poemas y canciones, actividad que abandonó hasta el año 2002, en el que uno de sus hijos cayó en una acción militar. Publicó los poemarios Tras eso / Ajrei ze, ediciones Am Oved, 2010 y Dolores de vida / Tzire jaim, Ediciones Kesheb, 2014. Obtuvo el Premio Ramat Gan por poeta novel en 2011.



miércoles, 27 de julio de 2016

Almog Behar / Poema para los presos en las cárceles






























Escribí un poema para los presos en las cárceles
y se lo mostré a mi padre. Dijo:
¿De qué les servirán poemas a los presos
y quiénes somos para menospreciar la justicia
de oficiales, jueces y legisladores?
Le dije: es sobre nuestra propia prisión que escribo, padre.
Con el final de cada día regreso a mi celda
para aguardar indicaciones de remotos carceleros:
ya me dirán si debo encadenar mis manos
o reclamar la libertad golpeando
contra los barrotes de la ventana.

Me dice: los sueños del poema por tu boca hablan
y tú te encuentras fuera de los muros carcelarios,
no te he criado para que vivas prisionero; hijo,
te enviaré si quieres a estudiar derecho,
quizá te vuelvas juez y en lugar de poemas escribirás sentencias
para aliviar de penas a este mundo. Le dije: padre,
hijo soy tuyo y no me has criado para que te tema,
la prisión mayor es que tú y yo y nos incluye,
ahora mismo el guardián te ordena desconocer tu encierro,
te indica pedir permanecer dentro del límite de tu calabozo.
Me dice: cautivos entonces somos todos en la prisión de Dios,
hijo, y esclavos suyos, mas, ¿cuáles son sus leyes, sus juzgados?
y hombre no hay que nunca haya pecado, ¿lo recuerdas?

Le dije: esta prisión es obra de los hombres, padre,
día a día ayudamos nosotros en su construcción, 
sumamos pabellones y disponemos cámaras de vigilancia,
en breve ya no necesitarán más carceleros, los echarán
y nos vigilaremos entre nosotros mismos.
No estudiaré derecho aunque he resuelto
no escribir tampoco más poemas. ¿Cómo es eso? Yo ya avisé
a todo lo largo del pasillo en nuestro pabellón penitenciario
que mi hijo escribe poemas para el día de la liberación,
nuestros vecinos aprenden y recitan tus poemas.

Los escucho, padre. No son, sin embargo, mis poemas lo que cantan
sino canciones del penal. A partir de hoy escribiré
veredictos que compitan con las resoluciones judiciales,
redactaré sentencias que compitan contra sus fallos,
les escribiré a mamá y a ti desde mi celda
cartas en las que anunciaré que la liberación
no llegará siquiera en los lejanos días de tus nietos,
que este combate es más largo
que cuanto pudieron figurarse los poetas.

Todos los poemas han fracasado.



Traducción: Gerardo Lewin





Almog Behar (1978) es un poeta, escritor y crítico literario. Nació en la ciudad de Natania. Tiene una licenciatura en filosofía y un doctorado en literatura hebrea de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Vive en Jerusalén y se dedica a la docencia. Ha publicado tres poemarios: Sed de fuentes (Am-Oved 2008), Un hilo tira de la lengua (Am-Oved 2009) y Poemas para los presos de las cárceles (Indibook 2016). Obtuvo el premio Primer Ministro de literatura en 2010.

lunes, 18 de julio de 2016

Haim Nachman Bialik / En la ciudad de la matanza




















(fragmento)

Levántate y marcha hacia la ciudad de la matanza.
Ve a sus plazas,
observa con tus propios ojos,
palpa con tus propias manos
las cercas, los árboles, las rocas.
Mira: sobre la cal del muro
la sangre coagulada,
los sesos endurecidos de las víctimas.

Encamínate hacia las ruinas,
salta por encima de los desechos,
atraviesa las paredes rotas
y las cocinas incendiadas
en donde la piqueta ha perforado quiebres
y agrandado, ensanchado vacíos,
donde la negra piedra se descubre,
la desnudez del ladrillo calcinado,
abiertas, desesperadas bocas de heridas negras
a las que no puedes aplicar ya cura o medicina,
tus piernas se hunden en plumas y cascotes,
entre pilas de escombros y de astillas,
en la derrota de los libros y los manuscritos,
el despojo del trabajo inhumano,
el redoblado fruto de unas arduas labores…

No te detengas ante los destrozos, sigue tu camino.
Renacen las acacias frente a ti,
derraman su perfume,
entre sus brotes penachos como flechas,
su aroma es el aroma de la sangre;
a tu pesar aspiras el perfume extraño,
la suavidad de la lozanía en tu corazón no te asquea;
con mil flechas doradas te lacera el sol,
siete rayos agreden en esquirlas de vidrios,
pues mi señor convocó, a un mismo tiempo,
a la matanza y a la primavera.


Sale el sol, florece la acacia y degüella el matarife.




Traducción: Gerardo Lewin (con la inestimable colaboración de Yonah Kranz)