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martes, 13 de febrero de 2024

Dalia Ravikovitch / etc. etc.





- ¿Qué es el amor? - le pregunté a Ido.
Él me miró de reojo
y me dijo, con piedad o con ira:
- Si no lo sabes aún,
ya nunca lo sabrás.

Le dije entonces, sin ira ni piedad
y mientras lo miraba de reojo, divertida:
- Sé qué es el amor. 
Sólo quise comprobar
tus habilidades lingüísticas
y tu destreza idiomática.

También buscaba un poco de ira
o de piedad con las que reviviera la pasión
y que no comenzáramos a aburrir
uno al otro hasta pelear
para después pedir disculpas.

Eso me destruye.

Sé qué es el amor:
yo, por ejemplo, te amo.




Traducción: Gerardo Lewin

martes, 17 de noviembre de 2020

Dalia Ravikovitch / Recuerdas, seguramente...



































Cuando ya se han ido todos
me quedo a solas con los poemas:
algunos míos, otros no.

Los poemas escritos por otros
son los que más me gustan.
Me quedo en silencio
y la garganta se libera del ahogo.

Me quedo.
A veces quisiera que todos se fueran.

Escribir poemas es algo grato.
Estás en una habitación cuyos muros se elevan.
Los colores se agravan.
Un pañuelo azul se vuelve profundísimo valle.

Quieres que se vayan todos.
No entiendes qué pasa contigo.
Quizás pienses en dos o más cosas.
Luego pasará todo y serás cristal claro

y tras eso, el amor.
Tanto se amó a sí mismo, Narciso.
Necio quien no comprenda que también amó al río.

Estás solo.
Te duele el corazón, pero no ha de quebrarse.
De a poco se diluyen las figuras lavadas
para borrarse luego las heridas.

Llega después el sol, en mitad de la noche.
También recuerdas unas flores oscuras.
Necio es el que le permite al sol ocultarse cuando así lo desea.
El sol prosigue su derrota, siempre, hacia las islas,
y te visitarán astros y lunas, inviernos y veranos.

Tesoros incontables.




Traducción: Gerardo Lewin






domingo, 1 de enero de 2012

Dalia Ravikovitch / Con el viento a favor


















Cuando un hombre está solo en su cuarto
¿qué saben de él los otros, allá afuera?
Quizás una palabra aúlle en sus oídos
las veinticuatro horas, día a día.
Hay gente que no entiende
hasta qué punto es dura la jornada.
La mañana no alumbra del modo en que debiera,
el rostro del sol es un disco aplastado.

Hace veinticinco años
hubo en el mundo una guerra atroz.
Entre las miles de casas de los vencidos
había personas con orgullo en el corazón.
El hombre que está solo en su cuarto
mira al sol aplastado
y comienza a pensar cosas maravillosas.

Como volar con el viento a favor.
Incluso hay quienes vuelan
sin necesidad de viento alguno.
Las ramas de los pinos se adhieren a sus mejillas
y vuelan con los húmedos labios abiertos.
Sin saberlo, una nube o una semilla aérea
besan, al pasar, sus bocas.
Con ojos brillantes, lacrimosos,
contemplan la celeste maravilla.
Si tropezara con él alguna partícula divina
no le provocaría daño alguno.

Volar significa que los pliegues del aire
te llevan, como el amor.
Uno vuela, uno aterriza
y es entonces cuando sobreviene la sorpresa:
Hay quienes vuelan con el viento a favor
y aun así se pierden, abruptamente, prematuros.




Traducción: Gerardo Lewin


viernes, 20 de julio de 2007

Dalia Ravikovitch / Fin de caída



















Si un hombre cae de un avión en mitad de la noche
sólo Dios puede recogerlo.
Dios se le aparece en el cielo nocturno,
lo toca y disuelve sus penurias.
Dios no reclama su sangre
pues la sangre no es el alma.
Dios no acaricia sus miembros
pues el hombre no es la carne.
Dios desciende sobre él, alza su rostro y lo contempla.
A los ojos de Dios, el hombre es un niño pequeño
que con dificultad se alza en cuatro patas, quiere andar;
que se siente alado y quiere volar.

El hombre está aún confundido, no sabe
que flotar es más grato que arrastrarse.
Dios quiere acariciarle la cabeza
pero se detiene,
no desea intimidarlo
con señales de amor.

Si un hombre cae de un avión en mitad de la noche
solamente Dios conoce cuál es el fin de la caída.



Traducción: Gerardo Lewin




Dalia Ravikovitch nació en Ramat Gan (Israel) en 1936. Aprendió a leer y escribir a los tres años. Sus primeros poemas aparecieron en la revista literaria Orlogin, editada por el poeta Abraham Schlonsky, quien la estimuló a continuar escribiendo. En total, DR publicó diez volúmenes de poesía. Además, escribió prosa y literatura infantil. También tradujo poesía al hebreo. Su poema más conocido es Bubá Memukenet (Muñeca Mecánica). Poemas suyos han sido traducidos a 23 idiomas.