viernes, 26 de junio de 2009

Yair Hurvitz / Momento autobiográfico



























Ahora mi padre deberá, en cualquier momento, resignarse,
en su distinto idioma al que el tiempo no opone barreras.
Cuando se vió obligado a renunciar a las palabras simples,
grandes voces se escucharon. No pude pensar
en que estaba llorando y así salí a caminar hacia el lugar
donde creí que encontraría a mi padre, hacia el lugar
donde nunca pude pensar que podría hallarlo.

Allí hubo, en ése mediodía, bancos
con sus correspondientes cuerpos
a fuerza de ser pobres, pero el mío era
el de otra escasez,
cuando los árboles no semejaban árboles
sino quizás pesadas esculturas en esa misma hora
en la que hablé con él en palabras a las que, nuevamente,
carece ya de fuerzas para añadir algo;
ésas que ha vuelto una y otra vez a decir
sin labios hasta el desnudo hueso
de este día.


Traducción: Gerardo Lewin

3 comentarios:

Ana dijo...

son buenísimos gerard, te felicito por la muy buena eleccion.
besotes

Senén dijo...

Terrible nostalgia, cosas que debimos decir y no dijimos, cosas que hemos dicho y deberíamos haber callado... nos pasa a todos. El recuerdo queda. Hermoso, doble escenario con flashback. bien logrado
Saluti tanti

Cíclopa dijo...

Gerardo,
que buen blog,
creo que voy a quedarme acá por un tiempo.
Es una nueva ventana para mi.

Cariños,

Natalia Litvinova