martes, 29 de marzo de 2011

Iehuda Amijai / Jacobo y el ángel



















Ella suspiró al amanecer,
trabándolo de modo tal
que lo venció.
Y él, de qué manera la atrapó,
derrotándola.
Ambos dominaban una toma
mortal.
Y renunciaron, uno ante el otro,
a pronunciar sus nombres.

Pero a la luz del alba
él vió su cuerpo,
blanco
en los sitios que ayer
ocultó su bikini.

Después la llamaron, intespestivamente,
desde arriba. Dos veces.
Como suelen llamar a una niña
que juega en el patio.

Él supo su nombre
y le permitió partir.


Traducción: Gerardo Lewin

5 comentarios:

gabriela piccini dijo...

Qué maravilla! tan simple apariencia!

aura dijo...

Que bello, nos sugiere que a veces el renunciar significa una entrega.

Gerardo dijo...

Gracias, Gabriela. Es simple y maravilloso, como toda buena poesía.

Aura... No pronunciaré su nombre.

elescaramujo dijo...

qué buen poema!

Carmen Vasco dijo...

bello poema!