Después de hacer el amor
léeme un poema, o tal vez
un cuento. Dejaré caer
mi cabeza sobre tu torso
desnudo. Seré libre y blanda
enlazada entre tus brazos.
Las palabras siempre fueron,
para mí, respiración y pulso,
ecos de las ondas sonoras
en los canales auditivos.
Había una vez una mujer.
Hubo una vez un hombre
que ella amó y un viento fino
se escurrió entre las capas de sus carnes.
Mi alma está en ti, como un señalador.
Si te abriera,
aun dentro de treinta años,
sabría por dónde seguir.
Traducción: Gerardo Lewin

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