Mostrando entradas con la etiqueta poesía hebrea clásica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía hebrea clásica. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de julio de 2016

Haim Nachman Bialik / En la ciudad de la matanza




















(fragmento)

Levántate y marcha hacia la ciudad de la matanza.
Ve a sus plazas,
observa con tus propios ojos,
palpa con tus propias manos
las cercas, los árboles, las rocas.
Mira: sobre la cal del muro
la sangre coagulada,
los sesos endurecidos de las víctimas.

Encamínate hacia las ruinas,
salta por encima de los desechos,
atraviesa las paredes rotas
y las cocinas incendiadas
en donde la piqueta ha perforado quiebres
y agrandado, ensanchado vacíos,
donde la negra piedra se descubre,
la desnudez del ladrillo calcinado,
abiertas, desesperadas bocas de heridas negras
a las que no puedes aplicar ya cura o medicina,
tus piernas se hunden en plumas y cascotes,
entre pilas de escombros y de astillas,
en la derrota de los libros y los manuscritos,
el despojo del trabajo inhumano,
el redoblado fruto de unas arduas labores…

No te detengas ante los destrozos, sigue tu camino.
Renacen las acacias frente a ti,
derraman su perfume,
entre sus brotes penachos como flechas,
su aroma es el aroma de la sangre;
a tu pesar aspiras el perfume extraño,
la suavidad de la lozanía en tu corazón no te asquea;
con mil flechas doradas te lacera el sol,
siete rayos agreden en esquirlas de vidrios,
pues mi señor convocó, a un mismo tiempo,
a la matanza y a la primavera.


Sale el sol, florece la acacia y degüella el matarife.




Traducción: Gerardo Lewin (con la inestimable colaboración de Yonah Kranz)


sábado, 17 de octubre de 2015

David Vogel / En noches otoñales
















En noches otoñales,
invisible,
cae en los bosques una hoja
para posarse en la tierra, muda.

En los torrentes el pez
salta del caudal en su cabriola
y el golpe de un eco acuoso responde
en la negrura.

En la oscura lejanía
nace el galope
de ocultos corceles
que se alejan y se esfuman.

Esto es lo que oirá
el fatigado caminante,
al que un escalofrío sacudirá
las carnes.




Traducción: Gerardo Lewin

domingo, 6 de noviembre de 2011

T. Carmi / Siempre




















Mi mano es más grande que la tuya,
y aun así distingo tu cuerpo
desde un extremo al otro de la tierra.

Hablas quedamente.
Oigo tu voz como un trueno nocturno
sobre el mar.

Crecer atemoriza.
Me acerco o me alejo y es en vano.
Las letras perdieron todo significado ya.

No hay engaño en ti
pero me acechas en cada paso entre montañas,
entre las luminarias del día y de la noche,
entre el perro y el lobo.




Traducción: Gerardo Lewin

T. Carmi nació en Nueva York en 1925, con el nombre de Carmi Tschrney. Al emigrar a Palestina, adoptó su nombre original como su nuevo apellido y conservó la T en recuerdo del anterior.
De educación cosmopolita, se nutrió tanto del Francés y el Inglés como de la tradición literaria Hebrea. Al provenir de un hogar hebreo parlante, consideraba al hebreo como su lengua materna. Luego de graduarse en la Yeshiva University, se propuso lograr un doctorado en Columbia. Viajó a París en 1946 y, al cabo de un año, emigró a Tierra Santa. Se integró a las fuerzas del naciente estado judío y luchó por su liberación.
Algunos de sus libros: No existen las flores negras (poesía), Machbarot Lesifrut,1953 [Ein Prahim Shehorim], Nieve en Jerusalén (poesía), Sifriat Poalim, 1956 [Sheleg B'Yerushalayim], El último mar (poesía), Machbarot Lesifrut, 1958 [Ha-Yam Ha-Aharon], El Unicornio contempla el espejo (poesía), Tarshish, 1967 [Ha-Unicorn Mistakel Ba-Mar'ah] y otros.
Es el autor de un libro de referencia obligada por este humilde bloguero: The Penguin Book of Hebrew Verse, una excelente antología (que hemos saqueado más allá de cualquier prudencia) precedida de un hermoso ensayo acerca de la versificación en idioma hebreo.


domingo, 24 de octubre de 2010

Salomón Ibn Gabirol / El pedido






















Dios, tú que oyes al mísero
y respondes
¿por qué siempre te alejas,
y de mí te escondes?

Te llamo noche y día,
no escuchas mi ruego.
Vivo para alabarte,
eres eterno fuego.

Mi rey, en ti confío,
mi corazón te doy.
Me entrego a ti
con lo poco que soy.

Oye la súplica
de esta alma tenaz.
Es todo lo que pido.
Nada menos, nada más. 



Traducción: Gerardo Lewin 



 Salomón Ibn Gabirol. Vea el artículo acerca de este poeta clásico andalusí en Wikipedia.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Abraham Ibn Ezra / Infortunios varios

























Visitando al Ministro


Madrugo para el Ministro. Me dicen - Ya salió.

Lo visito en la noche. Me dicen - Se acostó.
Ya durmiendo en su cama, ya presto en su carroza,
¡mísero desgraciado, la suerte me destroza!


Mala fortuna


La Rueda del Zodíaco y los soles

se descarriaron en mi nacimiento.
Si vendiera velas, bujías y faroles
serían eternos el día y mi tormento.

Por triunfar desfallezco de mis vicisitudes

y todo es culpa de mi mala suerte...
Si vendiese sepulcros y ataúdes
nunca a nadie diezmaría la muerte.





Traducción: Gerardo Lewin


Abraham Ibn Ezra: El rabí Abraham ben Meir ibn Ezra, conocido también como Aben Ezra o Esra, Abraham Judaeus, Abendre y Avenara, y calificado como el Sabio, el Grande, el Admirable. Fue un destacado intelectual judío que nació en el año 1092 en Tudela en la actual provincia de Navarra, que perteneció al emirato de Zaragoza y al reino de Zaragoza o Taifa de Zaragoza posterior y murió en Calahorra en 1167.

Hombre polifacético, destacó en poesía, filosofía, gramática, cábala, medicina, matemática y astronomía. Ibn Ezra fue además un notable viajero; dejó al-Ándalus hacia 1140 y viajó por el norte de África, Egipto, Palestina, Italia, Francia e Inglaterra antes de regresar a la península.
En el año 1934, se decidió en su honor llamar «Abenezra » a un cráter lunar.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Talmud Babel / Si los cedros arden en llamas...




















Si los cedros arden en llamas,
¿qué será entonces del musgo entre las piedras?
En la red ha caído un leviatán,
¿qué esperanza le queda a un simple bagre?
El río se secó; se lo tragó el abismo.
¿Qué destino le cabe a un pobre charco?


Traducción: Gerardo Lewin

martes, 12 de febrero de 2008

Samuel Hanaguid / Tres cortitos















I Ella dijo alégrate
Ella dijo: alégrate, el dios te condujo hasta
los cincuenta años de tu vida. Ignoraba
que no distingo entre los días que viví
y aquellos en los que vivió, según dicen, Noé.
No tengo otra hora en el mundo que ésta
que un instante se detiene y luego pasa, como nube.

II Para el hombre el mundo

Para el hombre, el mundo es cárcel perpetua.
Por eso digo a los ingenuos: corre
y los cielos te rodearán. Sal si puedes.

III Vosotros amantes de los días
Vosotros, amantes de los días en la faz de la tierra...
¿Sabeis cuán vana es vuestra vida?
Sois de raíz mortal y todo vástago retornará a su raíz.


Traducción: Gerardo Lewin


Samuel Hanaguid (993 - 1056) El primero de los grandes poetas del ciclo de oro andalucí. Nacido en Córdoba, abandonó la capital cuando las hordas bereberes la destruyeron en 1013. Renombrado talmudista y hombre de estado, fue el primer judío que recibió el título honorario de Naguid ('Príncipe'). Fue designado visir con la llegada al trono de Badis, el dominador bereber de Granada. En este cargo (y con el nombre de Ismail Ibn Nagrela con el que fue conocido en los círculos árabes) comandó las tropas granadinas en una serie de victoriosas campañas contra Sevilla y sus aliados. Los numerosos poemas que le envió a su hijo desde los campos de batalla constituyen un originalísimo diario poético de su tempestuosa vida. Su amplio dominio del hebreo y el árabe se evidencia en su maestría técnica y en su rico repertorio de formas y motivos. (Fuente: The Penguin Book of Hebrew Verse - Editado por T. Carmi) ALLEN LANE / PENGUIN BOOKS 1981)

lunes, 30 de julio de 2007

Judah Halevi / La lavandera




























Mi amada lava sus prendas
en el profuso manantial
de mis lágrimas
y las seca al calor
de su belleza.

No necesita fuentes
– tiene mis ojos –
ni soles
– tiene los suyos – .



Traducción: Gerardo Lewin


Judah Halevi. (aprox. 1075 – 1141) nació en la islámica Tudela, en la frontera de la España Cristiana. Gran amigo de Moshe Ibn Ezra. De profesión médico, ejerció en Toledo bajo la protección de Alfonso VI. Cuando se producen los ataques a los judíos en Toledo, decide radicarse en Córdoba, en la zona árabe. Por último, decide emigrar a Tierra Santa. Es uno de los más famosos poetas hebreos de todos los tiempos. Sus poemas de añoranza a Sión, el dolor de abandonar su propia cultura, los peligros del viaje por mar, son tópicos inconfundibles de su poética.