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martes, 22 de agosto de 2017

Gabriel Preil / Quizás la muerte...

























Nadie marca mi número.
Se apagan las líneas de la comunicación.
Es así, quizás, como la muerte empieza
a decirnos algo sobre su existencia.

Entretanto escribo un poema
y uno más,
intercambio cuestiones conmigo mismo,
con los otros que viven en mí,
dispuestos a despertar a alguien
de su letal atardecer.

Y estoy por ser asesinado
por un silencio atronador.




Traducción: Gerardo Lewin




Gabriel (Yehoshua) Preil nació en Tartu, Livonia, (Rusia) en 1911. Emigra junto con su madre a los Estados Unidos en 1922, donde desarrolla su carrera literaria. Escribió poesía en hebreo y en idish. Fue el último de los poetas de la Haskalá. Tradujo al hebreo a Robert Frost y a Walt Whitman. Influyó sobre la nueva generación de poetas israelíes (Dan Pagis lo llamó "el Duque de of Nueva York"). En 1975 recibió un doctorado honorario del Hebrew Union College. Falleció en Jerusalén en 1993. Entre sus obras figuran Paisaje, sol y frío/Nof, shemesh ukfor (Nueva York, 1944); La vela y las estrellas/ner mul kojavim (Jerusalén, 1954) y otros.





lunes, 31 de julio de 2017

Judith Drigues / Revelar una lápida






















Que te fuiste a otro mundo, murmuraban,
pero yo sé que ha sido, en definitiva, una simple mudanza,
y que sólo es cuestión de tiempo
hasta que oiga otra vez el golpeteo de tu voz.

Así es, señor pedagogo, aún vives aquí, puerta por medio:
últimamente has logrado domar
un dos ambientes con pasillo.

Esparcí los palitos chinos por sobre la alfombra,
para que hirieran. Una gota de sangre
en el lugar en donde se endurece
tu piel sobre sí misma.
Luego, con una lapicera, 
garabateé sobre tu Bialik.
Lo confieso, mi intención fue la peor:
que te enojes significa que estás vivo,
así me lo enseñaste.

Cada vez que alguna mano extraña acaricia mi cabeza
tus ojos se ensombrecen sobre mí.
Ni siquiera me miras
cuando me despliego para sentarme, 
embozada, en tu trono almidonado.
Allí viví lo mejor de mis amores.
Sólo el temor a la muerte logró despertarme.

Ahora aliso las arrugas de mi cara y escucho.
Jamás estuve tan dispuesta a cerrarte los ojos.
Con mis propias manos acariciaré
los estuarios de tus cenizas
y olvidaré.




Traducción: Gerardo Lewin

lunes, 26 de diciembre de 2016

Mati Shemoelof / Me arrepiento del instante

























No sé el motivo por el que le gustaba comer sobre el lavabo,
sin plato, sencillas rebanadas de pan negro
con queso blanco,
o, resfriado, se sentaba en el sofá
con un libro abierto
y le colgaba un apodo risueño
a todo aquel que ingresara a la casa.

Estoy seguro de que era - como yo - un poeta libre
a pesar de haber trabajado toda su vida en la tienda
y para decir verdad, no tengo modo de saberlo,
de comprobarlo o de charlar con él,
sólo puedo escribir
que él no fue más feliz de lo que soy
aunque una vez alcanzó a leer poemas míos.
Después, cuando volvió a casa
me contó - iluminado - que sus amigos del centro de jubilados
estaban fascinados con mis versos
y quizás fue bajo mi influjo que comenzó a escribir un cuento
sobre cómo fue que su abuelo, tan rico en posesiones,
emigró desde Irán a Israel 
(putamadre, por qué no conservé esa hoja…)

Me arrepiento del instante en que le hice un gesto de disgusto,
podría haber entendido que ésa era su historia
y qué es lo que queda ahora en mí: un profundo pesar.
A él lo sobreviven un poema incompleto,
los días que se agotan
y los recuerdos que se revelan en su desnudez.




Traducción: Gerardo Lewin



Mati Shemoelof (Haifa, 1972) es poeta, escritor y editor. Divide su tiempo entre las ciudades de Tel Aviv y Berlín, como parte de una creciente diáspora israelí en esa ciudad. Practica diversos géneros, ha escrito cinco poemarios, obras de teatro, crítica y ficción. Es una de las voces más predominantes en el ámbito árabe-judío (Movimiento Mizraji). Fue uno de los fundadores del movimiento “Guerrilla Cultural” en Israel y de “Poetic-Hafla” (hafla: voz árabe que significa "fiesta, danza, celebración"), un evento multilingüe de poesía, arte y música en Berlín. En 2014 publicó una colección de cuentos Un baño de libertad/Miklajat shel jofesh (Editorial Zmora/Beitan).


miércoles, 10 de agosto de 2016

Guiora Fisher / Es posible























Dentro de un cajón que no abría desde hacía años
hallé, en una hoja, en colores de crayón,
a Caín y a Abel.

A la pregunta de la maestra:
“¿qué has aprendido de esta historia?”
contestó el niño, al pie del dibujo:

“que es posible también matar
a quien se ama”.



Traducción: Gerardo Lewin




Guiora Fisher (1951) nació en la granja colectiva Abigdor, en donde aún vive con su esposa y sus hijos. Posee un título de master en Estudios Bíblicos y se desempeña como maestro de escuela secundaria. Es además tambero. En su juventud escribió poemas y canciones, actividad que abandonó hasta el año 2002, en el que uno de sus hijos cayó en una acción militar. Publicó los poemarios Tras eso / Ajrei ze, ediciones Am Oved, 2010 y Dolores de vida / Tzire jaim, Ediciones Kesheb, 2014. Obtuvo el Premio Ramat Gan por poeta novel en 2011.



lunes, 9 de mayo de 2016

Janoj Levin / Primera noche en el cementerio


Retrato: Igal Tumarkin




























Cae la noche sobre el cementerio. Mi primera noche. Se fueron ya todos: las viudas, los enterradores, los sacerdotes. Los pájaros duermen. Silencio. Quietud. Acá estamos, filas e hileras, recostados como niños en una guardería, una camita junto a la otra, susurrando en la oscuridad cuando todas las luces se apagan. ¿Qué anda pasando ahí afuera?, preguntan los veteranos, ¿a cuánto está el dólar? Les cuento a cuánto está el dólar. ¿Y qué tal es la vida en el más allá?, pregunto. No existe, dicen riendo con la boca llena de tierra. No existe la vida en el más allá. ¿Y los frutos del árbol, las verdes praderas y el leviatán? ¿Y los banquetes, los coros de querubines? Nada, se ríen los veteranos con la boca llena de tierra. No hay banquetes ni querubines. ¿Y la resurrección de los muertos? pregunto ¿se sabe de alguna fecha? No hay fecha, se ríen los veteranos con la boca llena de tierra. Todos son rumores, hay que sentarse y esperar, sólo esperar. ¡Ay, amigos muertos, no me vengan con eso ahora! Les grito, recuerden cuando tantas veces soñábamos que moríamos y de repente, justo a último momento nos despertábamos bañados en sudor, cada uno en su cama, para comprobar que era sólo un sueño. Esta vez, también esta vez nos despertaremos, muchachos, aunque sea un sueño muy muy largo y seco y tengamos mucha, mucha sed, nos descompondremos de tanta sed.


de la comedia Sojarei Gumi  (Traficantes de látex)



Traducción: Gerardo Lewin



domingo, 3 de abril de 2016

Israel Bar Kochav / Teléfono






Por un lado tenía el teléfono
y por el otro la certeza de tu muerte,
pero eso no me detuvo,
aun así te llamé para preguntarte, cómo estás
(no nos hablamos por más de veinte años)
papá, cómo  estás,
papá.



Traducción: Gerardo Lewin



viernes, 22 de enero de 2016

Mordejai Geldman / Vecina

















Jana murió.
En troncos de árboles y en vestíbulos
han puesto avisos fúnebres
que convocan a deudos y a amigos
para que guarden luto por ella y por sí mismos
y para entrenar a los transeúntes
en la negación de su muerte.
El ángel flaco encargado de cuidar su alma
remolonea en el patio.

En sus últimos días quedó ciega,
quizá fue un castigo por no haber visto nunca
que su mirada hallaba siempre faltas
en las personas y en las cosas.
Lo mejor de su vida lo pasó
en la monotonía,
sus ojos vagando en busca de defectos.

Al final se puso blanca y delgada
como un papel,
la llevaron en el viento,
cuidadosamente
la depositaron en la tierra
como en el envoltorio
de una última carta
que se envió a sí misma.




Traducción: Gerardo Lewin

viernes, 18 de diciembre de 2015

Hedva Harechavi / Este prodigio

























Este prodigio de escuchar su aliento,
este prodigio de decorar con flores sus anhelos,
este prodigio de explicarle el amor, la paz, las añoranzas,
este prodigio: que en la noche canten en su hogar coros angelicales,
este prodigio, como si estuviera hecho de otro material
y este prodigio (qué difícil decirlo).

Este prodigio: dejar, dejarlo ir, dejarlo.

Este prodigio; pronunciar su nombre,
este prodigio de darle un lápiz y una hojita,
este prodigio de ahorrarle penurias.

Este prodigio, quitarle los zapatos,
este prodigio de aferrar su sabia mano
cuando sus ojos se cierran, sus ojos
y este prodigio, vale decir mi hijo, sólo mi hijo
y después dios
y sus amigos.



Traducción: Gerardo Lewin




Hedva Harechavi, poeta y artista plástica, nació en 1941 en el kibutz Degania Bet, uno de los más antiguos de Israel. Es egresada de la Academia Betzalel de Artes y ha participado en exposiciones colectivas y singulares en Israel y en el mundo. Su primer poema fue publicado en 1967 por sugerencia de la eximia poeta Leah Goldberg, quien también editó su primer poemario Ki Hu Melech (Porque es rey) en 1974. Sus poemas han sido traducidos a muchos idiomas y han sido publicados en revistas y en numerosas antologías. Obtuvo entre otros el Premio Primer Ministro de poesía en 1982 y nuevamente en 1993; y el prestigioso Premio Yehuda Amichai de poesía en 2010. Vive actualmente en Jerusalén. Este poema está dedicado a su difunto hijo.

martes, 8 de septiembre de 2015

Israel Pinkas / No visité tu tumba
















No visité tu tumba porque no creo que te encuentres allí.

Estás en otro sitio, vagas quizá con tu valijita
por países cuyos idiomas desconoces.

Tras tu partida sólo me quedó una cicatriz
a la que tuve que habituarme, como a una renguera.

Qué bueno fue vivir contigo, envejecer juntos.




Traducción: Gerardo Lewin


Israel Pinkas nació en Sofía, Bulgaria, en 1935. Perdió a su padre a los seis años de edad. Emigró a la Palestina del Mandato en 1944, siendo aún niño, junto a su madre. Vive en Tel Aviv. Publicó su primer poemario en 1961. Muchos de sus poemas fueron publicados, tras sufrir por años por la falta de reconocimiento, en la revista Exclamation Point. Ha publicado ocho libros de poesía. En 2005 obtuvo el premio Israel de poesía.




sábado, 21 de junio de 2014

Jezi Lezkli / La hora del "por qué"


























¿Por qué, por qué? – pregunta,
pero él no lo sabe.
Le parece que dice "hola, hola".

En el otro extremo de la línea
no hay Ronit
ni Shucky
ni tampoco Yojay
ni Orna
porque
sólo
hay:

¿Por qué? ¿Por qué
me has abandonado,
por qué me has dejado solo?



Traducción: Gerardo Lewin

jueves, 6 de junio de 2013

Elisha Porat / Flautas en la brisa






















En la parcela de los gentiles, 
en el cementerio del kibutz Givat Brenner,
yacen aquellos
que no serán ya jamás judíos. 

Flautas en la brisa
cuelgan de las copas de los árboles
y cantan para ellos
un compilado de dulce música internacional.
Los sobrevuelan cidi´s, ángeles de cercenadas alas.

Allí descansan, pacíficos, 
sin plegarias ni cánticos,
sin el terror por el advenimiento atroz 
del peor descalabro:
la resurrección de los muertos, 
el día del juicio final.




Traducción: Gerardo Lewin



Elisha Porat (1938- 2013) es un poeta y escritor hebreo. Ha publicado 19 libros de ficción y poesía, desde 1973. En 1996 obtuvo el Israel's Prime Minister's Prize for Literature. Algunas de sus obras han sido traducidas y publicadas en los Estados Unidos, Inglaterra y Canadá.



martes, 5 de marzo de 2013

Itzjak Shalev / La canción del perro envenenado


























Bajaste una cortina de rizado algodón sobre tus ojos
y por entre sus rendijas espiaste un mundo hostil:
grandes perros-lobo de afilados caninos
e hirientes automóviles desfilando por miles.

Oliste aquí o allá pero no oliste
el veneno en la carne
por eso yace
frente a nuestra puerta
tu cadáver
y se seca en tus fauces
la blanquísima espuma.

Aullaste tu breve vida
a la lluvia y la luna.
Hubo noches heladas
y a veces parrandeabas
con perras por el barrio.
A medianoche oíamos
el ruido de tus pies, a la carrera.

Ya no saldremos en paseos diurnos
a abrir esas esquelas
que tus amigos te dejaban
en pequeños buzones
junto al pasto.






Traducción: Gerardo Lewin


Itzjak Shalev (1919-1992) fue un escritor, poeta y ensayista israelí. Nació en Tiberíades y durante su niñez se trasladó a Jerusalén. Publicó su primer poemario "Ojezet Anaf Hashaked / Aferrada a la rama del almendro" en 1951. En 1952 obtuvo el premio Usishkin de poesía, y en 1955 su libro "Kolot Enosh Jamim/Cálidas voces humanas" obtuvo el premio Rupin. Su amor por Tierra Santa lo llevó a posiciones que hoy consideraríamos como extremas: fue uno de los fundadores del movimiento "Eretz Israel Hashlemá/La tierra de Israel unificada" que plantea la anexión de Judea y Samaria.


lunes, 4 de marzo de 2013

Eli Hirsh / Salamandra






















Dijiste que viajabas a un sitio remoto
pero no imaginé que demorarías en volver.
Oí decir que allí,  adonde fuiste,
suelen plantar, tal como aquí, ficus,
que podan los setos de mirtos y ligustros
y en los tejados florecen los alhelíes.

Pues bien, hazme un favor: cuando regreses
¿recordarás traerme un ramo dorado y blanco?
Los alhelíes allí, dicen, son bonitos
y tienen un perfume
que no es de este mundo.

Imagina el placer que sentirá
la salamandra (aquella que entristeció con tu partida
y anida desde entonces en la cornisa de mi casa)
cuando le acerque tu rubia, nívea ofrenda:
olerá, en todo su añorado aroma,
la belleza de tu regreso, transformado en flor.




Traducción: Gerardo Lewin


Poema pertenecinte a su libro Ganei Tel Aviv HaTluim // Los jardines colgantes de Tel Aviv, Ediciones del Kibutz Hameuchad.

viernes, 26 de junio de 2009

Yair Hurvitz / Momento autobiográfico



























Ahora mi padre deberá, en cualquier momento, resignarse,
en su distinto idioma al que el tiempo no opone barreras.
Cuando se vió obligado a renunciar a las palabras simples,
grandes voces se escucharon. No pude pensar
en que estaba llorando y así salí a caminar hacia el lugar
donde creí que encontraría a mi padre, hacia el lugar
donde nunca pude pensar que podría hallarlo.

Allí hubo, en ése mediodía, bancos
con sus correspondientes cuerpos
a fuerza de ser pobres, pero el mío era
el de otra escasez,
cuando los árboles no semejaban árboles
sino quizás pesadas esculturas en esa misma hora
en la que hablé con él en palabras a las que, nuevamente,
carece ya de fuerzas para añadir algo;
ésas que ha vuelto una y otra vez a decir
sin labios hasta el desnudo hueso
de este día.


Traducción: Gerardo Lewin