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miércoles, 13 de abril de 2016

Haviva Pedaya / El que habla con el ausente






























Del que habla con el ausente,
cuán profundo es el discurso.
Canta en honor de aquel
que ignora por completo su existencia,
se exhibe en su desnudez
ante quien no lo mira.

Cuán embelesados los oyentes de esa música
tan excelsa,
no saben que no estaba destinada a sus oídos
y que no se trata sino de un eco.

El hablante omnipresente
los ha creado
con su boca en el polvo,
su alma agonizante gotea hacia dentro,
bendice el degüello, restaña la herida.

El amante eterno que jamás será amado.
Lo visitan en sueños
y al abrir los ojos
no hay nadie a su lado.

Del que habla desde la ausencia,
el vacío es la naturaleza.
A solas se ha quedado en la oscuridad
y canta.

Cuando pase la sombra 
no ha de inquietarse.




Traducción: Gerardo Lewin

domingo, 10 de agosto de 2014

Haviva Pedaya / Suavemente, te pido






















Suavemente, te pido.
Por favor, con firmeza.
Libera mi alma prisionera.
Nostalgias y suspiros, te imploro:
los necesito más que los que hallo.
Que ansíe algo y nada llegue
y aún así que no cese en mis ruegos.
Regrésame, te suplico, las puras palabras que me diste
y diré
por la gracia, apiadate.
Hoy. Hoy - no mañana.
Anuncia, te lo ruego, que aunque demore
me dejaré en mi verbo expuesta.
Recuérdame, te pido,
por cuanto te deseé para mí y no
por ser humana y haber muerto,
por golpear mi alma los muros de este cuerpo,
por el deseo de arrancarme
que me he herido a mi misma y he clamado.
Suavemente, te pido.
Bendíceme, por favor,
comprende que estoy sola,
que no sé a quién pueda mostrar mi enfermedad,
que no comprendí a tiempo que yo soy mi cuerpo
y que cuando lo supe extravié mi alma;
no hallé un cauce para el llanto
cuando irrumpe
pues nada hay.
Compréndeme, necesito algo de tiempo
para calcular las chances de florecer
si es que aún quedan.
Desfallezco de terror,
vomito todas las mañanas
y noche a noche el tacto amenaza:
conozco el infierno de conocer infiernos.
No podré ya crear palabras a imagen y sangre mías
e insuflarles mi aliento.
Aquello que pedí, por lo que rogué.
Horadaste en mí, me diste un alma
por la que lloré al recordarme
pues nada, al implorar, me has negado
y ahora que no deseo nada
todo en mí es pisoteado.
Concédeme la gracia, apiádate,
bendice mis días, límpialos,
críame como un hija,
llórame como a la niña de tus ojos.


Por favor, si puedes.




Traducción: Gerardo Lewin



Haviva Pedaya es poeta, escritora y crítica cultural. Nació en Jerusalén en 1965 en el seno de una familia de rabinos y cabalistas. Vive en Beersheba. Ha estudiado en la Universidad Hebrea y en la Escuela de Artes Visuales de Jerusalén. Haviva Pedaya se desempeña como profesora de historia judía en la Universidad Ben-Gurion del Negev y preside el Centro Elyachar de Cultura Sefaradí. Ha publicado artículos acerca de religión, sociología, arte, historia y misticismo, así como también tres poemarios. Participa también en proyectos musicales y artísticos y ha fundado el Yonah Ensemble, que ha buscado revitalizar la música mística y litúrgica del cercano oriente. Obtuvo muchas distinciones, entre ellas el Premio Harry Harshon, el Premio Warburg, el Premio Bernstein de Poesía (1997) y el Premio Presidencial de Poesía (2004).

jueves, 1 de agosto de 2013

Oded Peled / Veo una montaña

















Veo un bosque
Digo: Dios,
hazme alarido de pájaros,
viento en el ramaje

Veo la lluvia
y digo: hazme claro, líquido

Veo una montaña
Digo: Dios,
hazme montaña.


Traducción: Gerardo Lewin

Oded Peled nació en la ciudad costera de Haifa en 1949. Es poeta, editor y traductor, actividad que le proporcionó cierto renombre por sus versiones de los poetas beat Allen Ginzberg y Jack Kerouac. Actualmente reside en el kibutz Kfar Hanassí. En 1990 recibió el premio Primer Ministro por su labor como traductor.

lunes, 10 de junio de 2013

Zelda / La sombra del monte blanquecino...
















La sombra del monte blanquecino
ocultó mis manos y mi rostro
Creí ser un alma libre,
como un muerto.

Un crepúsculo triste cubrió la casa,
las hojas de la parra,
y sin embargo
cuando en ese mundo ajeno
- la calle donde vivo - 
sonó un violín

salí hacia el goce del novio y de la novia

los vi
entramados de sutil esperanza
los vi
trazados de anhelos verdaderos

y así, secretamente, pedí:

Oh, Creador.
Que los demonios y los males no golpeen
sus sueños
Que haya entre ambos
una casa por siempre

Mi plegaria creció
desplegando hojas verdes

Me senté a la sombra del tártago
y ya no supe 
el nombre de la estación
a la que había arribado mi vida.



Traducción: Gerardo Lewin


domingo, 24 de octubre de 2010

Salomón Ibn Gabirol / El pedido






















Dios, tú que oyes al mísero
y respondes
¿por qué siempre te alejas,
y de mí te escondes?

Te llamo noche y día,
no escuchas mi ruego.
Vivo para alabarte,
eres eterno fuego.

Mi rey, en ti confío,
mi corazón te doy.
Me entrego a ti
con lo poco que soy.

Oye la súplica
de esta alma tenaz.
Es todo lo que pido.
Nada menos, nada más. 



Traducción: Gerardo Lewin 



 Salomón Ibn Gabirol. Vea el artículo acerca de este poeta clásico andalusí en Wikipedia.