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domingo, 9 de mayo de 2021

Aharón Almog / El que hace que llueva*






En 1942 dibujé un círculo
y me quedé allí dentro
hasta que cayeron las lluvias.
Ese día se anegaron varias casas
y dos personas por poco no se ahogaron.

Volví a casa y dije: soy yo
el que hace que llueva.
Mi padre me dio una cachetada
y dijo: y yo, que caigan sopapos.

Una semana después, mientras estaba
sin nada que hacer hasta el mediodía,
fui visitado por palomas
que expresaron su amor por mí.

Al otro día fui a la escuela.
Había orado por un terremoto, 
pero estaba dispuesto a conformarme
con un eclipse de sol.
Llegué y el portero estaba allí,
en la entrada apostado. Alrededor, silencio.
Ni profesores ni ignorantes,
aclaró el portero con un cantito
e irrumpió en una danza con su escoba.

Huelga.

Regresé ese mediodía a casa y dije:
Soy yo el que trae la huelga.
Mi padre me preguntó:
¿Puedes también traer dinero?
Contesté que mis poderes sólo alcanzaban
a las cosas del espíritu.

Esa noche oí cómo le decía a mi madre:
Este hijo nuestro, no está en sus cabales.
Era apenas un niño y no alcancé a comprender
el pleno significado de aquella expresión,
pero la magia de sus palabras
me acompaña hasta el día de hoy.


* Refiere a una conocida plegaria: "el que mueve los vientos y hace que llueva", y es uno de los atributos divinos.



Traducción: Gerardo Lewin


domingo, 4 de octubre de 2015

Aharón Almog / Sobre el silencio de los yemenitas

























Los yemenitas del campamento transitorio
solían ir a la casa de mi abuelo
para sentarse, mudos.
Si alguno entonaba una melodía, los demás aguardaban.

Así crecí, entre aullidos y silencio.

En estos días le han puesto a mi padre una línea telefónica.
Está esperando que alguien llame.

Durante ochenta años callaron, él y sus mayores,
y ahora quiere que se oiga lo que tiene para decir.



Traducción: Gerardo Lewin

sábado, 23 de noviembre de 2013

Aharón Almog / Dos recuerdos
























I. Añoranzas

Añoro el sandwich que llevaba a la escuela.
Ocho años, mucha piedad de madre.
Una alforja blanca, una servilleta bordada:
cómo me amaban los charcos en el camino
hacia el Centro Wolovelsky.
Luego un desastrado tacho de lata con halva y pepino
en las frías mañanas, de camino al trabajo diario.
Hubo muchos: herrero de obra, empleado, chofer.
En 1951 vi un aviso en el diario:
"se solicita conductor de jeep".
Me puse una camisa blanca y me presenté.
Había gente esperando: uno se mordía las uñas, otro leía un libro.
El dueño de un local mayorista del centro comercial 
salió de su oficina y preguntó: 
"¿Qué haríais vosotros, niños míos, si viérais que
a mitad de camino el motor se quedó sin aceite?"
El puesto lo obtuvo aquel que dijo

"Conmigo esas cosas nunca pasan".



II Tuve un maestro

Tuve un maestro que solía entrar al aula
como una tromba, diciendo:
"Rápido, escribid".
Escribir qué, nos preguntábamos.
"No importa, escribid".
Así escribimos durante todo ese año
y así seguí escribiendo hasta hoy.




Traducción: Gerardo Lewin



Aharon Almog es poeta, dramaturgo y novelista. Nació en Tel Aviv en 1931 en el seno de una familia que dejó el Yemen en el siglo XIX. Se graduó en la Escuela de Agricultura Mikve Yisrael y en la Universidad de Tel Aviv. Enseña Literatura Hebrea en colegios secundarios. Obtuvo el Premio Brenner, el Premio Primer Ministro en Literatura y el Premio Bialik.