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martes, 16 de agosto de 2016

Meir Wieseltier / Mamá y papá fueron al cine. Ilana está sentada en el sillón y mira un libro gris.





















Está hojeándolo, hay señores desnudos.
Corren, desnudos, y están muy delgados,
también hay señoras con la cola al aire
y gente en pijamas, como en el teatro,
con estrellas de david hechas de tela.
Se veían todos tan feos, tan flaquitos,
con los ojos saltones, como de pollos.

Es muy raro, todo tan gris.
Ilana tiene unos lápices rojos
y azules, verdes, y amarillos y rosas.
Entonces ella va a su cuarto
y trae todos esos hermosos lápices
y les dibuja a todos, muy divertida,
anteojos y caritas sonrientes.

En especial a ese nene pelado y flaco,
le dibuja un enorme bigote rojo
y en la punta del bigote se posa un pajarito.



Traducción: Gerardo Lewin


lunes, 18 de julio de 2016

Haim Nachman Bialik / En la ciudad de la matanza




















(fragmento)

Levántate y marcha hacia la ciudad de la matanza.
Ve a sus plazas,
observa con tus propios ojos,
palpa con tus propias manos
las cercas, los árboles, las rocas.
Mira: sobre la cal del muro
la sangre coagulada,
los sesos endurecidos de las víctimas.

Encamínate hacia las ruinas,
salta por encima de los desechos,
atraviesa las paredes rotas
y las cocinas incendiadas
en donde la piqueta ha perforado quiebres
y agrandado, ensanchado vacíos,
donde la negra piedra se descubre,
la desnudez del ladrillo calcinado,
abiertas, desesperadas bocas de heridas negras
a las que no puedes aplicar ya cura o medicina,
tus piernas se hunden en plumas y cascotes,
entre pilas de escombros y de astillas,
en la derrota de los libros y los manuscritos,
el despojo del trabajo inhumano,
el redoblado fruto de unas arduas labores…

No te detengas ante los destrozos, sigue tu camino.
Renacen las acacias frente a ti,
derraman su perfume,
entre sus brotes penachos como flechas,
su aroma es el aroma de la sangre;
a tu pesar aspiras el perfume extraño,
la suavidad de la lozanía en tu corazón no te asquea;
con mil flechas doradas te lacera el sol,
siete rayos agreden en esquirlas de vidrios,
pues mi señor convocó, a un mismo tiempo,
a la matanza y a la primavera.


Sale el sol, florece la acacia y degüella el matarife.




Traducción: Gerardo Lewin (con la inestimable colaboración de Yonah Kranz)


domingo, 9 de agosto de 2015

Avot Yeshurun / Coro de voces























La casa se llenó de músicos.
Padre, madre, hermanos, hermanas.
Cada uno llegó desde su origen.
Cada cual con su canción y su violín.

Hechas las alabanzas, cada quien
vuelve a su propio y distante lugar.
Allí se quedan su violín y su canción.

Sólo la tierra, muda, escucha.



Traducción: Gerardo Lewin


Bonus: El poeta lee este poema.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Tzví Atzmón / A todos

























Los nazis mataron todas las fotografías desleídas
que colgaban en la pared.

Los nazis mataron al abuelo.
Los nazis mataron a la abuela.
Los nazis mataron a todos los tíos y las tías
que llevaban esas ropas tan raras.

Qué bueno tener alguien a quién culpar.
A mi papá lo mató Dios.





Traducción: Gerardo Lewin

Tzví Atzmón es un graduado meritorio de la Universidad Hebrea de Jerusalén en Bioquímica y Fisiología. Fue investigador en la carrera de Neuro-biología. Publicó los siguientes poemarios: Diseño Interior (1981), Preparación para graduarse (1983), Córtex (1993) y otros.


sábado, 20 de agosto de 2011

Amir Or / Un vaso de cerveza

















El crimen perfecto no conoce razones, dijo.
El crimen perfecto pide un objeto perfecto,
como se dio allá, en Auschwitz.
No me refiero a los crematorios, por supuesto,
sino a lo que sucedía después del horario laboral.
Luego calló: contemplaba la espuma y bebía unos sorbos.

El crimen perfecto es igual al amor, dijo.
El crimen perfecto no precisa nada perfecto
excepto el dar, tanto como se pueda.
La vida es eterna,
incluso en el recuerdo del espasmo,
incluso los alaridos que mecieron mi mano,
la orina que como misericordia cayó sobre la carne congelada,
el golpe de los tacos que despertaron otros infinitos.
Incluso el silencio, dijo
contemplando la espuma.

Es cierto: un trabajo bien hecho es muy liberador,
y sin embargo

un crimen perfecto no derrama
ni siquiera una gota.
Como los labios de un niño, me explicó.
Como la arena y la espuma de las olas.

Como oye.
Como bebe y oye.






Traducción: Gerardo Lewin


Amir Or nació en Tel Aviv en 1956. Trabajó como albañil, pastor y restaurador. Estudió filosofía y religiones comparadas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado once poemarios. Se cuenta entre los fundadores de la cooperativa editorial Helicon Poetry. Traduce poesía del inglés, griego y japonés al hebreo. Obtuvo los premios Primer Ministro, el Premio Harry Harzon, el Premio Bernstein, y otros. Su último poemario fue K´nafayim (Alas - Editorial Hakibutz Hameuchad 2015)



miércoles, 27 de junio de 2007

Dan Pagis / Escrito en lápiz en el vagón sellado.
































Acá, en este envío,
yo, Eva
con mi hijo Abel.
Si ven a mi hijo mayor,
Caín, el hijo de Adán,
díganle que yo


Traducción: Gerardo Lewin


Dan Pagis (1930-1986) Nacido en Radautz, Rumania. Durante la segunda guerra mundial, siendo un niño, permaneció durante varios años en un campo de concentración ucraniano. Huyó en 1944 y dos años más tarde viaja a Palestina. Obtuvo un doctorado en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde enseñó Literatura Hebrea Medieval. 

miércoles, 4 de abril de 2007

Uri Tzví Grinberg / El lugar donde nací






























En el lugar en que nací
no volverá jamás
ningún judío
a descansar un sábado,
a celebrar alguna fiesta.
Maldito el cielo y la tierra, allí, maldita.
Ni bodas, nacimientos o duelos.

Del lugar en que nací
amé
parques y ríos;
la belleza de los frutos y los peces.
Malditos ahora parques, peces, frutos, ríos.

En el lugar en que nací
placíame
pasear por el sendero del bosque,
el bosque aquel que llega hasta Oselek
desde mi Bielikamin,
la de los dulces frutos,
la del río cantarín.

Maldito
quien por el sendero del bosque aquel
ahora pasea.
El bosque que llega hasta Oselek
desde mi Bielikamin:
tumba de mis padres,
templo en ruinas de mi heredad sagrada.



Traducción: Gerardo Lewin



Uri Tzví Grinberg nació en Bialykamien, Galitzia. Fue educado en Lvov, donde fue testigo de los pogroms contra los judíos en 1918, hecho que marcó definitivamente su vida. Emigró a Israel en 1924 donde comenzó a publicar exclusivamente en idioma hebreo. Recibió el Premio Bialik en 1948 y el Premio Israelí a la Literatura Hebrea en 1957. Murió en 1981.