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sábado, 9 de abril de 2022

Nathan Zach / Acerca del deseo de exactitud







Hubo mucha exageración en el recuento de las víctimas:
algunos contabilizaron casi cien; hubo según otros varios cientos.
Uno afirmó mi cálculo es de treinta y seis mujeres carbonizadas
aunque su compañero dijo estás en un error, fueron sólo once
y tu inexactitud es intencional y política;
no es por casualidad y ya que estamos diré también
que sólo fueron ocho las mujeres degolladas pues a dos las balearon
y hay un caso dudoso en el que no está claro
si la degollaron, violaron o fue acuchillada.

En cuanto a los niños, tampoco ha sido dicha la última palabra.
Todos concuerdan en que seis fueron crucificados y uno torturado
antes de triturale la cabeza, pero quién puede aseverar
que aquellos desaparecidos, cuyos paraderos se desconocen,
han sido, ciertamente, todos o en parte arrojados al mar
y de ser así, ¿cómo explicar las manchas sanguinolentas?

En estos asuntos las exageraciones deben ser evitadas a toda costa
y se ha de aclarar y prevenir: hablamos de los destinos de gente
que pueden confundirse (esperemos que no) en los informes,
aunque tales hechos, distinguido colega, hayan ocurrido más de una vez.

Sucedióse luego una amarga disputa a lo largo del día
y de no ser por el horrible hedor que despedía el sitio
hubieran llegado a la absoluta precisión —o a los golpes,
dado que el deseo de exactitud es tan humano como
el de asesinar, violar, destrozar o eliminar
a tu enemigo, tu rival, al vecino de enfrente,
al desconocido y sospechoso o simplemente
a todo hombre, mujer o niño vivos.




Traducción: Gerardo Lewin

sábado, 21 de noviembre de 2015

Nathan Zach / Instante























Para Assia


Por favor, un instante de silencio. Tened a bien.
Quiero decir algo. Él se ha ido.
Pasó frente a mí. Pude haber tocado el borde
de su manto. No lo hice. Quién hubiera podido
saber lo que no supe.

La arena se adhería a sus ropas. En su barba
se enredaban las ramas. Anoche, por lo visto,
había dormido en un granero. Quién hubiera podido
saber que a la noche siguiente estaría
vacío como un pájaro, duro como una piedra.

Yo no pude saberlo. No lo culpo.
A veces lo imagino despertando del sueño,
como un mar sonámbulo pasa a mi lado
y me dice hijo.

Hijo. No sabía que estabas, hasta tal punto, conmigo.



Traducción: Gerardo Lewin


lunes, 18 de abril de 2011

Nathan Zach / Ya que andaba por aquí



















Alrededor de mi nombre se ha formado
una costra tan pesada
de problemas y hábitos
que es difícil (hasta para mí)
atravesarla y vislumbrar su rostro.
Golpeo a su puerta y no me contesta.

Duerme. Salió para poner en orden sus asuntos,
quizás todavía no; está otra vez ocupado
y ya hay gente que lo aguarda
o le dio una rabieta y decidió no volver.

No pienso esperar. No. No tengo tiempo
para desperdiciarlo en él: que descanse en paz
o que no descanse, si es que de mí depende.
Si fuera por mí, que se le parta la cabeza.
Otra visita inútil. Un día más, perdido de antemano.
Debe existir algún yo diferente en otra parte.

Aunque, ya que andaba por aquí,
intentaré con uno o dos conocidos
o quizás la próxima semana.


Traducción: Gerardo Lewin

domingo, 24 de octubre de 2010

Nathan Zach / Talitha Cumi















Talitha cumi. Por favor te lo pido. (*)
Eres una persona inteligente, ponte de pie.
Quizás me equivoqué. Seguramente no supe ver.
Ya pasó mucho tiempo desde entonces. Levántate.
No fue ésta mi intención. Sí, quizás,
lo confieso. Pero ponte de pie.
Talitha cumi.

Elí, lama sabaktani, que significa
por qué me abandonaste. Dios mío, por qué
me hiciste esto. Que significa cuál es la razón.
Por qué no me lo impediste, que significa
agua, que significa viento.

Mi única intención era hacer el bien. Vi que sonreía.
Pensé que otro amor no sumaría a su cuenta
más de lo que sumaría a la mía. No supe
hasta dónde te incomodé con mis estupideces,
mi Señor. Túrbame y anúlame, Creador.
No supe hasta dónde sería condenado, Señor,
en mi voracidad.

Talitha cumi.

(*) "Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talitha cumi; que traducido es: Niña, levántate". Marcos, 5:41.



Traducción: Gerardo Lewin

Natan Zach nació en Berlín en 1930, y emigró a Palestina siendo niño. Luego de dictar cátedra en la Universidad de Tel Aviv por muchos años, viajó a Inglaterra donde completó su doctorado en la Universidad de Essex. Como poeta, crítico y traductor, Zach ha ejercido una enorme influencia en el desarrollo de la poesía hebrea moderna.
Le fueron otorgados el premio Bialik (1982), el premio Israel (1995), el premio Camaiore (Italia, 2000), el premio Levy Eshkol (2001), el Premio dell`Unione di Lettori Italiani (Italia, 2001), el premio Feronia Prize (Italia, 2003) y muchos otros. Su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas.